Tiempos de confusión y de espera

Son tiempos de confusión y de incertidumbres. Hay agitación en el escenario político y judicial, no tanto en la calle pero si en los ánimos. Se vive en una tensa espera, por lo menos una parte importante de los catalanes, a ver si pasa algo, lo que sea. Se mezclan ilusiones y desilusiones, abatimiento y rabia, melancolía por lo que pudo ser y no fue, de cinismo y de chalaneo (a veces parece quetodos mienten, nadie se engaña. Y muchos, desde posiciones distintas, están aburridos pues en realidad no pasa nada y arrastran canancio histórico. Solo las provocaciones de los gobernantes del PP y de vez en cuando del PSOE excitan al personal. ¿Por qué esta obsesión en negar el carácter nacional de Catalunya. Afortunadamente los del CUP introducen propuestas surrealistas siguiendo la senda de André Breton: Transformar el mundo cono quería Marx y cambiar la vida como proclamó Rimbaud. A pesar de todo las esperanzas más o menos utópicas renacen cada día aunque no sabemos muy bien cuales son.

Se acercan una elecciones y venimos de las “plebiscitarias”.Como siempre todos han ganado, o casi todos (yo formo parte de éste casi). Los independentistas han ganado triunfalmente las elecciones pero no del todo, lo cual les dificulta considerablemente considerarse legitimados para hacer una declaración unilateral de independencia. En confianza, creo que debe (o debiera) haberlos tranquilizado. Con una mayoría contundente de votos deberían intentarlo lo cual creo que a muchos de ellos les supondría un gran susto. Y seguramente acabaría muy mal. Los antiindependentistas también lo consideraron un triunfo. Dos razones importantes, aunque discutibles. Una, las elecciones plebiscitarias no las ganaron los independentistas, por poco pero se acercaron al 48%. Precisaban como mínimo más del 50 o 55% , que es lo que corresponde a un referéndum. Y dos, los antiindependentistas les encanta proclamar que Catalunya se ha fracturado en dos como ya preconizó Aznar, siguiendo la estela de Calvo Sotelo “Antes una España roja que una España rota”. Todos tienen razones, nadie tiene la razón. Veamos tres cuestiones.

Se trata de unas elecciones para elegir un Parlamento y un presidente. Y constituir gobierno. Una candidatura, Junts pel Sí, con un programa monotemático y un poco tramposo (los discursos creaban un ambiente que todo era posible y pronto) y un candidato destinado a ser presidente aunque agazapado en el puesto 4. Creo que en el fondo nadie se lo acababa de creer pero muchos se hicieron grandes ilusiones. Era público desde antes de las elecciones cual era el candidato a presidente No tiene sentido ahora discutirle la presidencia. Obtuvo casi tres veces más diputados que la segunda candidatura, cuatro la tercera y seis CUP. Sería lógico que los opositores se abstuvieran, por lo menos los partidos que asumen el derecho a decidir, la coalición CSQP y según el día el PSC. El presidente y su gobierno deberán gobernar, no tanto para el futuro y más para el presente. No se trata de substituir a CUP, que parece destinado a jugar a ser el ratón que importuna al gato, sino por lógica democrática y catalanista. Hay que dar una oportunidad a los ganadores y crear un conflicto artificioso sol conduciría a debilitar al movimiento catalanista que todos los citados defienden

No hay evidencias de una fractura en la sociedad catalana. En una democracia la diversidad de opciones y las relaciones conflictuales son propias de su naturaleza. Hemos convivido bien dentro del Estado español. Podemos continuar en él igual que ahora (parece que solo una minoría lo quiere), o en él de una forma distinta, o fuera. En ningún caso hay indicios que ello significara una confrontación civil. Actualmente parece que hay una gran mayoría por un referéndum, una mayoria relativa pero casi absoluta en favor del independentismo pero veríamos si hubiera un cambio de actitud del gobierno español se mantendría. La otra mitad es casi imposible de determinar pero se sabe que en este magma hay posiciones muy diversas. No se puede sumar el electorado de CSQP con el del PP. Mientras no se realice un referéndum legal no sabremos a que atenernos.

El escenario político va a cambiar mucho. No inmediatamente, hasta las elecciones generales no pasará nada. Excepto retórica. Pero luego todo se moverá. El bloque principal, Junts pel Sí, difícilmente podrán mantenerse unidos pues el proceso independentista va para largo y la política concreta de gobierno acentuará diferencias y contradicciones. CUP puede mantenerse, su discurso ha arraigado en un sector de la ciudadanía y rechaza asumir cualquier tipo de responsabilidad de gobierno. El PSC algún día será PSOE o será PSC. Y nos queda el estrépito fracaso de CSQP una fuerza histórica, sólida y razonable, ICV-EUiA, aliada con una fuerza nueva, emergente y prepotente, Podemos. Merece un comentario.

La campaña electoral de CSQP fue absurdamente mal planteada y luego muy mal ejecutada. Hubieran podido representar una alternativa catalanista popular a la vez sensata y combativa, por la autodeterminación y el derecho a decidir, centrar la confrontación con el gobierno del PP y su naturaleza nacionalmente represiva y socialmente reaccionaria, plantear el carácter nacional de Catalunya como algo irrenunciable y proclamar su rechazo radical al status actual. La campaña se situó fuera de juego desde el inicio y la participación de Podemos y una candidatura improvisada acabó de contribuir al desastre. Una coalición sin amor y sin confianza quizás puede restar más que sumar. Algo a reflexionar a la hora de presentarse a las elecciones de diciembre. Atención, en tiempos de tribulación no hacer mudanza dijo Ignacio de Loyola. Pero ¿no hacer mudanza es mantener la coalición o volver a ser lo que son?

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