Populismos para todos

“Si me preguntan qué es, no lo sé. Si no me lo preguntan, lo sé”. Parece ser que dijo San Agustín referida a Dios y a la fe. La cita sirve a un experto en populismos, el italiano Loris Zanatta, para referirse a la dificultad de exponer un concepto de nuevo a la moda y utilizado por tirios y troyanos. Populismo es una arma arrojadiza que sirve contra Podemos y contra Le Pen, contra Evo Morales y contra los gobiernos de Polonia o Hungría, contra el catalanismo independentista y contra el republicano millonario Trump. Otro experto en el tema, Laclau, supuestamente inspirador de los líderes de Podemos, desarrolla una sofisticada argumentación para distinguir la democracia liberal representativa individualizada (muy sartriana) y la democracia del pueblo mediante su hegemonía organizada. Zanatta, contrario al populismo, simplifica mucho a la cuestión para negar a cualquier populismo como contrario a una democracia formal mitificada. Por su parte Laclau elabora un concepto metafísico de pueblo que evita de concretizar una fórmula democrática alternativa.

En resumen, el populismo es una arma sirve para una cosa y para la contraria. Medios de comunicación, personajes políticos y “cientistas sociales” utilizan el populismo cuando les conviene, sin coherencia alguna. Renzi, el jefe de gobierno y lider del Partido democrático (en teoría izquierda, continuación perversa del PCI) exalta la victoria de Macri, derecha radical neoliberal contra el kichnerismo “populista”. El PSOE denuncia este “populismo de izquierda” que aplica también a Podemos. Sin embargo Felipe González cuando perdió las elecciones (1996) se fue inmediatamente a Argentina a pasar unas vacaciones en yate con el presidente Menem, otro populista opuesto, esperpéntico y corrupto, que vendió patrimonio público y aplicó políticas privatizadores neoliberales. Se acusan de populistas a los nacionalistas vascos (democristianos) y catalanes (liberales sociales o viceversa) pero el populismo desenfrenado y etnicista de la lider socialista andaluza es considerado por el PSOE su discurso serio y democrático. El españolismo rancio y visceralmente anticatalán de gran parte del PP puede catalogarse populismo precisamente como ellos lo entienden, pues exacerban emociones colectivas contra comunidades diferentes. Algo similar ocurre con Ciudadanos, su metafísica visión de España se complementa con la negación de un sentimiento nacional catalán que, guste o no, existe y se comprueba saliendo a la calle.

El populismo calificado negativo en muchos casos se apoya en un supuesto. Solo existe el Estado-Nación, el resto son ciudadanos-atómos, no existe una sociedad catalana o vasca. La referencia al “pueblo” es una manipulación, no es un ser real y menos aún un sujeto político. El populismo se usa par movilizar a una parte de la ciudadanía, poco o mal integrada en el Estado-Nación, por parte de liderazgos carismáticos contra enemigos fantasmagóricos como oligarquía o casta. Sin embargo el “pueblo” es una realidad histórica y política, es la expresión activa de una gran parte de los ciudadanos, o que quieren serlo, y reivindican sus derechos. La Revolución francesa tuvo como protagonista al ”pueblo” consituido en Nación y en Estado. Los monárquicos y la aristocracia que no renunciaban a sus privilegios eran considerados “el partido de los extranjeros”. Cuando se niega a un pueblo que exige su identidad y su autogobierno el represor pasa a ser considerado un “extranjero”. El Estado español y su clase política (PP, C’s y PSOE) ejercen ahora como fuerza separadora, en realidad pretenden independizarse de Catalunya, aunque sea en su subconsciente.

Como ven el uso y abuso del populismo es un concepto intelectual que solo provoca confusión. Su uso en el lenguaje político solo agudiza los conflictos y dificulta el díalogo. Mejor seria analizar los más o menos denominados populismos a partir de sus características específicas. Por ejemplo el populismo de izquierda en América latina no es muy diferente de lo que fueron las izquierdas europeas hace unas décadas, en algunos casos un siglo. Se crearon liderazgos carismáticos y futuros míticos que movilizaron a los sectores muy heterogéneos que estaban excluidos de la política y de los derechos ciudadanos. Son una expresión de grandes desigualdades. A medida que las conquistas populares hacen el Estado más social, las desigualdades se reducen, los derechos se ejercen y el “pueblo” se estructura políticamente el populismo se racionaliza. Pero seamos conscientes sin fases populistas la democracia no se democratiza. En Argentina el kichnerismo, con todos sus defectos, ha desarrollado importantes políticas sociales y de recuperación de derechos humanos. Ahora, el “macrismo” ultra neoliberal practica un populismo cosmopolita orientado a las clases medias supondrá una regresión social y política. En conclusión: los llamados populismos deben evaluarse por sus compromisos previos y sus resultados posteriores.

El País, Jordi Borja, febrero 2016

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