¿Podrán sobrevivir los autos en la ciudad compacta?

Dedicado al arquitecto-urbanista Lluis Brau, murió el 20 de marzo 2018

Lluis Brau publicó un artículo extenso a pesar que era hombre de discursos muy sintéticos.  Muy contundente: “El coche mata la ciudad”. Fue publicado en un libro colectivo editado a la vez en Argentina, Ecuador y España. Con el título “Ciudades para cambiar la vida” (en América latina) y con otro título “Ciudades resistentes, ciudades posibles” (en España). Los editores fueron Fernando Carrión, Marcelo Corti y J.Borja. Y entre los autores que contribuyeron en la obra además de Brau están Michael Cohen, Ana Sugranyes, Mireia Belil, Alicia Ziccardi, Roberto Eibenshutz, Gustave Massiah, Andrea Catenacci, Eduardo Reese, Alfredo Rodríguez, Ana Falú, Marina Subirats, Valerie Peugeot, Joan Subirats, Pierre Calame, José Manuel Naredo, Boaventura Souza Santos, David Harvey, Bernardo Secchi, Etienne Balibar, Margarita Gutman, etc. Lluis Brau, arquitecto y urbanista, gran conocedor de la relación “ciudad y movilidad”, fundador  y presidente de la Federación Iberoamericana de Urbanistas, un barcelonés muy presente en América latina.

Su último texto extenso y citado merece un reconocimiento actual y darlo a conocer mediante El Pais/Seres Urbanos. El titulo dispara de entrada: el coche produce 1’3 millones mueren cada año, según ONU-Habitat y 15 millones heridos de los cuales un millón de lisiados.  Es la principal causante de la contaminación ambiental. Cada año fallecen de muerte lenta 7 millones de personas y centenares de millones padecen enfermedades cardio-respiratorias.  De los 1000 millones de vehiculos 700 son turismos y crecen aceleradamente en todos los continentes a pesar de la saturación de las ciudades compactas. En Barcelona, una ciudad en la que los viajes urbanos diarios solo representa el 15% ocupan el 60% de los espacios públicos. A lo que hay que añadir las infraestructuras costosas y que segregan los espacios urbanos como las “vias rápidas”, los costes sociales y ambientales de la energía, los aparcamientos, el empobrecimiento de la vida pública y convivencial, el coste de los semáforos, etc. La saturación de las ciudades compactas, las que hacen posible la convivencia y la diversidad, el ejercicio de la ciudadanía, tiende a fragmentarse y disolverse en el territorio. La difusión urbana  substituye la ciudad por la urbanización en espacios lacónicos, sin sentido ni referencias integradoras. Hay una relació entre el uso diario del coche privado, los costes sociales y ambientales y la especulación del suelo y la exclusión de amplios sectores de la población de bajos ingresos.

Hay que tener en cuenta que incluso las familias con uno o dos autos hay colectivos sociales queno pueden disponer del vehículo: los niños, la gente mayor, la mayoría de las mujeres, los discapacitados, etc. El uso masivo y diario del auto es causa de un plus de desigualdad, es una práctica social injusta, insolidaria y minoritaria. Y además es un medio muy poco eficiente. En las ciudades compactas la velocidad media se sitúa entre los 10 y los 15 km por hora. Y luego se le añade el coste del aparcamiento,  de la energía y el tiempo perdido por la congestión. En las grandes ciudades latinoamericanas puede representar el 10% el PIB y el 20 al 30% del tiempo entre la ida y vuelta entre la vivienda y el trabajo.

El urbanista y arquitecto Lluis Brau no se ha limitado a argumentar los altos coste colectivos e individuales del uso urbano del auto. También ha analizado las múliples actuaciones públicas que pueden reducir a mínimos el uso del auto privado.

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