Nota sobre la Tesis de Alida Bueno «Inseguridad y Espacio Público en Ciudad Juárez»

Comentario general

Un trabajo excelente. Información muy completa, referencias teóricas pertinentes y numerosas, documentación que incluye el proceso histórico y el contexto nacional y local, trabajo de campo que incluye observación directa y uso de grupos focales, exposición en los finales de capítulo diagnósticos críticos y propuestas de intervención y en general una visión integral de la temática.

Comentarios positivos y algunas críticas muy secundarias. La autora expone un esquema interpretativo presente a lo largo de todo el trabajo. La inseguridad en el espacio público se debe a un conjunto de causas muy interrelacionadas. Sin embargo ni al inicio ni al final expone de forma muy explícita su tesis. Tampoco destaca un factor causal específico del caso que es no solamente su carácter de ciudad frontera, también la incidencia de las maquiladoras que provocaron un alud de población del exterior del estado y más tarde la mayoría de ellas cerraron dejando a una población relativamente marginal en situación de desocupación.

La autora ha realizado un trabajo utilizando todos los medios e instrumentos al alcance de un cientista social. Es de lamentar que no haya podido obtener información directa de los funcionarios municipales, ni de los adultos (solo un grupo focal), ni de los residentes o propietarios de negocios o usuarios cotidianos del centro de la ciudad.

Una crítica que probablemente le harán en los medios académicos o editoriales (si se propone una publicación que recomendamos rotundamente) es que no presta una atención especial a la situación de las mujeres. A lo largo del trabajo hay bastantes referencias a las mujeres, como trabajadoras, residentes y usuarias del espacio público. Y un subcapítulo específico (pag 227): Mujeres y espacio público. El planteamiento se refiere al conjunto de la población. Seguramente el tema de las mujeres ha tenido mucha relevancia y es más morboso, pero la opción de la autora es igualmente válida.

Una crítica marginal: la redacción debería revisarse. Algunos párrafos son algo confusos (por ej pag 96). Y el uso a mi parecer incorrecto de los signos de puntuación dificulta en algunos casos la lectura. Por ejemplo en la pag 12, último párrafo, 12 líneas, hay una proliferación de comas y ningún punto hasta el final del párrafo. O el primer párrafo de la pag 53, 10 líneas, hay un punto intermedio pero las abundantes comas en muchos casos debieran ser puntos. El lector lo agradecería.

En cambio se agradecen los mapas, las fotografías y los dibujos de los niños/as. Los dibujos no he podido consultarlos pero si que he visto en México y en otros países latinoamericanos, dibujos de niños habitantes en las periferias. Son siempre tremendamente significativos, mucho más explícitos que sus declaraciones orales.

Por último, sobre la estructura de la obra. El primer capítulo de antecedentes es un aporte importante pues es a la vez histórico y estructural, muy documentado. Se puede aducir su extensión, pues representa prácticamente un tercio del texto escrito pero es una excelente síntesis. Los otros capítulos son muy claros. Se trata el tema desde 3 puntos de vista: el espacio público, la inseguridad y las percepciones sociales. Este enfoque hace inevitable algunas repeticiones pero en cambio permite publicar cada capítulo como artículo independiente. El uso de las entrevistas y grupos focales, de los dibujos y de las fotografías permiten explicitar la naturaleza multidimensional de la problemática tratada.

Las conclusiones son muy correctas, corresponden bien al conjunto del trabajo. Quizás les falta un poco de ambición, unos párrafos más críticos y contundentes.

Hay que destacar la negación por parte de las políticas nacionales y de la legislación urbanística de la función articuladora del espacio público urbano, su capacidad integradora de la ciudadanía y la construcción evolutiva de las pautes comunes necesarias para la convivencia (pag 281).

Así mismo hay que denunciar el urbanismo, público y privado, que genera ghetos, barrios cerrados, urbanizaciones dispersas en tierras de nadie. Se tribaliza la ciudad, se disuelve la ciudadanía si alguna vez la hubo, se generan habitats excluidos y excluyentes (pag 278).

Notas complementarias

Sobre la política urbana institucional: federal, estatal y municipal.

Esta nota amplía el comentario anterior.

La falta de políticas públicas coherentes, los vacíos legales urbanísticos, la permisividad (supongo que interesada) del desarrollo urbano, la debilidad de la conciencia ciudadana, la complicidad de los sectores profesionales… Creo que convendría hacer una critica y una denuncia más explícitas respectos a los gobernantes y a los profesionales cómplices. Por ejemplo ¿quién promovió y realizó las Riberas del Bravo, quién lo ejecutó, quién se benefició?. El relato, el análisis y la información que se expone (fotografías incluídas) permiten deducir el carácter urbanicida del urbanismo público y privado pero es más eficaz poner ejemplos y citar nombres. Y la colusión entre actores públicos y privados, es decir el urbanismo especulativo, excluyente y alimentado por la corrupción.

Sobre el espacio público teórico

La autora utiliza muchas referencias, todas ellas interesantes (Arendt, Sennett, Salcedo, Valera-Pol-Vidal, Bourdieu, Carrión, Harvey, Garza, Jacobs, Sorkin, Caldeira, etc). Pero con permiso de la autora me parece conveniente establecer algunas distinciones:

a)Espacio público jurídico y espacio social o espacio colectivo.

El espacio jurídico es de propiedad o dominio institucional, es decir regulado y gestionado por una administración pública. No siempre es de uso público ni mucho menos, muchos espacios de dominio público se reservan a funciones específicas o de facto no son accesibles para la gran mayoria de los ciudadanos.

El espacio de uso colectivo puede ser apropiado por una colectividad mediante el uso, sea de propiedad o dominio privado o público. La socialización del uso de un suelo destinado solamente a un uso específico o a una minoría de la población puede ser conquistado por la ciudadanía, más aún si es tierra de nadie o en la práctica sus propietarios o gestores no le han atribuido una función real.

En resumen: el espacio público urbano viene determinado por el uso social.

b)Espacio público urbano con funciones propias del urbanismo (ordenación, paisaje, movilidad, ocio, etc), espacios socio-culturales (ámbitos de convivencia entre individuos y colectivos distintos) y espacio político (usado por el poder o por la ciudadanía). No se trata de definir espacios que son solo urbanos o socio-culturales o políticos. En teoría los espacios públicos concretos, cualquiera de ellos puede cumplir las tres funciones. Sin embargo en muchos casos predomina una de sus funciones es la dominante o la más frecuente.

c) Espacio físico y espacio simbólico. El espacio físico es un espacio diseñado o creado por el uso. Se le suponen características que no siempre se cumplen del todo (accesibilidad física, diversidad de funciones y usos sociales, capacidad de evolución, etc). El espacio simbólico aquel (o algunos de sus elementos) que son referentes, que marcan el territorio, que contiene memoria colectiva, que transmite sentido.

d) Los no lugares o los no-espacios públicos. No creo que sea muy útil discutir si los centros comerciales (u otros espacios o lugares como zonas universitarias o hospitalarias). Incluso bares y cines (ver pag. 234). Son espacios que tienden a ser públicos, no del todo especializados, en parte de acceso público, etc. En estos casos el uso ciudadano puede acabar convirtiéndolos en públicos. En cambio los espacios colectivos reservados por sus usuarios (calles o barrios cerrados) no son espacios públicos, son de uso “corporativo” o “grupal”, es decir “excluyentes”.

e) Espacio público y ciudadanía. El espacio público es una condición necesaria para la adquisición y el ejercicio de la ciudadanía, entendida como el status que nos hace a todos los habitantes iguales en derechos y deberes. Los ciudadanos son por lo tanto sujetos políticos y donde ejercen y se expresan es principalmente en el espacio público.

Nota sobre las supuestas clases peligrosas y el control social sobre las poblaciones.

El término de “clases peligrosas” fue puesto en circulación por el historiador y demógrafo Louis Chevalier refiriéndose a como los sectores “burgueses” percibían a las clases trabajadoras en los espacios públicos centrales (Classes laborieuses, classes dangereuses au xixème siècle, 1950), Ni el autor ni el prologuista lo utilizamos en este sentido. No es nuestra intención considerar “peligrosas” a las clases obreras y sectores populares (ver pag 98).

Hay casos en que el espacio público es un espacio excluyente. Hay casos, más en el pasado que hoy, en que no se permitía andar por avenidas centrales si no se iba vestido de una cierta manera. Hoy hay muros físicos y hay aun más muros invisibles que excluyen a sectores populares cuya visión disgusta a sectores acomodados. La presencia de los sectores populares, especialmente si las desigualdades sociales son muy fuertes, puede “desagradar” a las clases acomodadas. Pero los que sienten inseguridad en estos espacios son precisamente los considerados “peligrosos”, los sospechosos habituales.

El control social mediante el uso de nuevas tecnologías, el “gran ojo” como dice la autora, siguiendo a Mike Davis (pag 101) merecería una nota a pie de página por lo menos. Está demostrado que el uso de cámaras de video para tener vigilado el espacio público y evitar así la violencia o sancionarla es en general de muy poca eficacia. Puede crear una sensación de seguridad, o por el contrario, puede generar un inquietud razonable de sentirse vigilado continuamente. Pero en cuanto elemento preventivo o que facilita la captura del delincuente su eficacia es mínima, su coste muy alto y el peligro de controlar a los ciudadanos que no sean del agrado del poder muy grande.

Sobre las percepciones sería interesante comparar las percepciones con los datos objetivos (homicidios, robos, agresiones, etc) y relacionarlo con los lugares de residencia y el nivel socio-económico (pag 229).

Nota marginal. La crisis socio-económica que se traduce por crecientes desigualdades y crecimiento de la desocupación y de la pobreza acentúa el descrédito de las instituciones políticas, incluídos los partidos y organizaciones más integradas en el sistema formal. Los conflictos sociales devienen “antisistema”, las mediaciones que permiten regular los conflictos resultan insuficientes y el espacio público se convierte en ámbito de confrontación entres amplios sectores sociales y los poderes institucionales. Estos poderes tienden entonces en criminalizar los conflictos sociales (en Europa más que en America).

Sobre la participación ciudadana

La autora hace muy poca referencia a la participación ciudadana en la reivindicación, concepción, diseño y gestión de los espacios públicos. Se deduce que las administraciones públicas o los promotores privados no facilitan esta participación. Sería pertinente indicar que hay muchas experiencias, en general positivas, de participación ciudadana en este campo. Y por otra parte la lucha por la conquista de espacios públicos ha sido muy importante tanto en Europa como en América.

Nota final

Consideramos que el trabajo de Alicia Bueno no solo merece ser reconocida como doctora. También debemos recomendar su publicación.

Jordi Borja, Barcelona, junio 2014

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