Las paradojas y las múltiples caras del independentismo

El  independentismo catalán oscila entre la calle y las urnas. La movilización ciudadana en la calle es soft, lúdica, pacífica y tierna, entre Frank Capra y Walt Disney. Es pura apariencia. Hay en ella sin embargo un fondo insurreccional, un rechazo del Estado español, a su arrogancia ignorante y excluyente, a sus políticas públicas al servicio de los privilegios y a sus prácticas represivas. El independentismo solo en parte está motivado por el catalanismo identitario. Para muchos expresa una aspiración latente a una democracia con semillas autogestionarias y con privilegios insoportables. Se desea acabar con un modelo de Estado que genera alienación ciudadana, exclusión social y corrupción política.

El proyecto recuperacionista que lleva a cabo el gobierno de la Generalitat y de CiU (con el apoyo  permanente, aunque presuma de crítico, de ERC) se instrumentó con la convocatoria de elecciones.  Ha substituído a las grandes manifestaciones de los últimos año. Su formulación puedparecer duro, amenazante, con una “hoja de ruta”que como varita mágica mueve montañas. Una ruta directa que nos debe llevar a la independencia. “Evidente” repite Oriol Junqueras. “Aunque no guste al gobierno español,  es evidente” de nuevo nos repite el lider de ERC. Se construyen “estructuras de Estado”, se da casi como supuesto que habrá una mayoría  soberanista y se apunta la posible declaración unilateral de independencia. Pero todo es pura apariencia. Una escenografía bonita, pero sería como  confundir Venezia con la de Canaletto. La transición acelerada  de la calle (consulta no legal del 9 de noviembre a la que fueron a votar más de dos millones trescientos mil ciudadanos) al discurso de Mas pasaron solo . Fue el inicio de un tímido termidor, la restauración conservadora del sistema político. El retorno a la degradada “democracia representativa”, a la competencia entre los partidos y a la apertura de un período preelectoral. El presidente de la Generalitat convocó elecciones autonómicas con vocación plebiscitaria como alternativa a un referéndum. Queriendo (y algunos sin querer) se desmovilizó momentáneamente a los ciudadanos, seguramente cansados no tanto de manifestarse sino de no obtener resultados y tampoco de no recibir iniciativas más aguerridas.

Pero no se tuvo en cuenta que la teórica elección plebiscitaria se colocaba muy probablemente entre la elecciones municipales y las generales. Es de suponer que pensaron que las elecciones municipales podían ser ya un avance del plebiscito, un error pues  los ejes y las confrontaciones de la vida local son otros y gran parte de la población metropolitana especialmente tiene otras motivaciones. Era además previsible que emergieran las nuevas fuerzas políticas que incluso las que asumen la independencia o el derecho a decidir se confrontaban con CiU y con ERC.  La famosa “hoja de ruta” se iniciaba con dos inconvenientes importantes. La desmovilización ciudadana que  lógicamente enfrió el ansia independentista. Y el carácter de las elecciones municipales que situaba en un segundo plano la cuestión Catalunya-España. A lo que se añade el déficit político del independentismo. En vez de ampliar su base como fue inicialmente con el objetivo “derecho a decidir” tanto la ANC como ERC y CiU radicalizaron su reivindicación: la independencia pura y dura. El independentismo político convertía así su hoja de ruta en un callejón sin salida: se partía de la base de una consulta legal y de una independencia pactada pero al mismo tiempo propiciaba la creación de un frente españolista en lugar de aislar al PP y contribuir a un cambio de gobierno que posiblemente podría estar dispuesto a dialogar. La propuesta de una elecciones falsamente plebiscitarias pero generadoras de una ilusión independentista solo puede derivar en una persistente frustración ciudadana.

¿Tiene sentido mantener la propuesta de elecciones avanzadas e incomprensibles para la mayoría social, falsamente plebiscitarias pues en la práctica compiten candidaturas partidarias con profundas diferencias y sin un objetivo unificante? Se convocan como alternativa a la imposibilidad legal de convocar una consulta o un referéndum legal que para sus convocantes debería legitimar el proceso independentista. Sin embargo no es seguro ni tan solo probable que haya una mayoría clara favorable al duo CiU-ERC. Las políticas públicas, demasiado próximas a las del PP, les harán pasar factura. Pueden dar lugar a otro plebiscito en su contra. Y en el caso que haya una mayoría en favor de la independencia ¿qué harán el día siguiente? Una declaración unilateral de independencia parece inconcebible aunque CUP y ERC pueden plantearlo. CiU continuará en su línea actual, ganar tiempo, mantenerse en el gobierno y hacer ver que se están construyendo las “estructuras de Estado” mientras esperamos tiempos mejores. En resumen las expectativas que habrá generado esta convocatoria plebiscitaria se convertirán en una gran frustración social. En su fuero interno intuyo que esperan que alguien, por ejemplo la ANC, les proponga un aplazamiento hasta después de las elecciones generales. En beneficio de todos, independentistas o los que optan por ahora por el derecho a decidir, parece que la mejor solución es aplazar las elecciones.  Solo  una confluencia como la que ha emergido en Barcelona y otras ciudades de Catalunya sea la base de un bloque capaz de dialogar con el gobierno español que permita que se exprese el derecho a decidir. Siempre que los resultados de las elecciones generales hayan alumbrado una nueva mayoría política en la que el PSOE no sea la fuerza dominante.

El independentismo más explícito (ERC, CUP) actúa a veces como si esperara que las manifestaciones hasta ahora únicamente expresivas y discontinuas pueden dar lugar a una insurrección ciudadana y una nueva mayoría parlamentaria asumiera la nueva situación  “revolucionaria”.  Pero por ahora no hay indicios que se produzca una rebelión abierta frente al Estado, que podria derivar en conflicto violento. No parece que ni las mayorías parlamentarias catalanas ni los manifestantes de los 11 de setiembre estén por la labor. Por lo tanto la única posibilidad de modificar la relación de Catalunya con el Estado es mediante el diálogo y el pacto. Lo cual requiere un cambio de mayorías en las Cortes españolas y un gobierno distinto que no sea el muro actual, incapaz de resolver los problemas de las clases mayoritarias y de los pueblos de las nacionalidades  por la vía política.

En resumen el objetivo político inmediato del independentismo no puede ser otro que confluir con otras fuerzas políticas catalanas y españolas que desplacen al PP y sus marcas blancas del poder político en el Estado español.  Partidos como Podemos y similares, so pena de perder  votos en el resto de España, no pueden ni quieren apoyar el independentismo pero  si el derecho a la consulta o la autodeterminación. Como defendieron todos los partidos democráticos a finales del franquismo. Se mantendrá la presión  independentista pues está hoy muy arraigado y es el principal motor de movilización democrática. Incluye independentistas nacionalistas pero no están solos ni mucho menos. Hay también los que lo apoyan debido a las provocaciones del autoritarismo españolista. O los que lo aceptan por estar hartos de los gobiernos del PP y des sus políticas, que también afectan a CiU. La mayoría que se manifiesta por la independencia o el derecho a decidir aspiran también un cambio político y social profundo en Catalunya. Y no olvidemos que  en las manifestaciones o en la consulta informal había también los que están a favor de un diálogo que el gobierno español niega, los que consideran  legítima una consulta formal que permita al pueblo catalán expresar sus aspiraciones. Muchos ven en el independentismo una forma de combatir a los gobiernos del PP  y en menor grado del PSOE del pasado reciente. Hoy el independentismo es la opción preferida por cerca del 50% de los encuestados pero una parte significativa podría probablemente aceptar y algunos preferir un status constitucional que atribuyera a Catalunya un reconocimiento nacional y un aumento importante de autogobierno, especialmente en educación, cultura y lengua y un pacto fiscal. Lo que por ahora está claro que los partidarios del statu quo o incluso ser una comunidad homogeneizada con el resto ahora no llega al 25 %. De todas formas si hubiera en un futuro próximo un  gobierno español de talante democrático y dialogante facilitaría que en Catalunya apareciera una posible mayoría que optara por una relación de interdependencia, con fórmulas diversas, que no sean ni sometimiento al Estado español ni de secesión pura y dura. El ndependentismo hoy es visibilizado muchas veces como la confrontación entre dos esencias identitarias, españolismo y catalanismo. En realidad es sobretodo una incomunicación entre un gobierno immobilista en España y una sociedad con vocación de autogobierno en Catalunya.


Postdata Una vez escrito el artículo adjunto estalló la ruptura entre Convergencia y Unió, unos aparecen como adalides de la independencia y los otros lo dejan para un futuro incierto. En realidad su posición básica es proponer la independencia como horizonte pero no como objetivo inmediato. ¿Entonces cual es la razón de la ruptura? El presidente Mas y Convergencia luchan por mantener la primacía frente a su aliado-adversario Esquerra Republicana, les aterroriza un “sorpasso”.La dirección de Unió opta por representar un sector más moderado, que considera otras opciones posibles y que desea mantener buenas relaciones con los gobernantes españoles, sean cúales sean. Es decir razones tácticas, inmediatistas y partidistas. Después de las elecciones catalanas es probable que vuelvan a juntarse aunque sea con formas diferentes. En fin aunque estén enojados para los espectadores parece más bien una farsa.

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