Las elecciones se ganan cuatro años después

Campanas al vuelo por los que estaban excluidos de la política real, por los que no se sentían representados, por los que no eran atendidos ni escuchados. La nueva política llegó a la ciudades (también a las comunidades autónomas pero nos centramos en las ciudades). Los indignados han llegado al poder. ¿Para hacer qué? Han sabido conectar con un amplio espectro social sobre lo qué hay que hacer y cómo hacerlo. Ideas no faltan, objetivos deseables, actuaciones urgentes, empatía con la ciudadanía. No sería justo considerar que los renovados gobiernos locales en gran parte del país a pesar de su inexperiencia (no todos) van a gastar únicamente los primeros meses, decisivos, para enterarse de lo que quieren y pueden hacer. Estoy convencido que su ánimo, su estilo y sus prioridades se apreciará muy a corto plazo, en las primeras semanas seguramente, su actividad en la ciudad. Aunque por ahora no se sabe muy bien y lo quieren y lo que pueden hacer. Las elecciones se ganan al final, pero empiezan a ganar desde los primeros pasos en los nuevos ayuntamientos.

Obtener la alcaldía es solamente disponer de una entrada en el poder local. La victoria se alcanza cuando consigues la reelección. Una victoria doble: la ciudadanía aprueba el mandato que te había dado y además te confía un segundo mandato para continuar en la misma dirección. Esto último es una cuestión clave. Los desafíos que te impone la ciudad requieren no solo actuaciones inmediatas. Vivimos una época de grandes cambios. Hoy es hoy fundamental promover intervenciones transformadoras que exigen dos o tres mandatos como mínimo: urbanismo y política de suelo, reformas institucionales como el gobierno metropolitano y la gestión participativa de base, centralidades periféricas y operaciones de vivienda con mixtura social, recuperación del control público de los grandes servicios urbanos, modernizar y ampliar las bases económicas del territorio, generalizar el uso de las energías renovables y promover comportamientos sociales sostenibles, modificar radicalmente el modelo de movilidad dominante, socializar el uso intensivo de las tecnologías de información y comunicación, etc. Conclusión: el objetivo principal, prioritario y tener siempre presente es ganar la reelección.

Sería ingenuo considerar que este objetivo se consigue mediante algunas actuaciones vistosas, intervenciones urbanas ostentosas, campañas de publicidad permanentes o gestos y actitudes de populismo primario. Las elecciones siguientes se ganan con los actos que se realizan desde el primer día del inicio del mandato que ahora empieza. En un artículo de carácter general sería absurdo concretar las acciones que deben impulsar las ciudades, ninguna ciudad es igual a otra. Sin embargo hay algunos factores que son necesarios o muy favorables para consolidar o ampliar la adhesión ciudadana. Uno de ellos es la imagen que transmite el gobierno de la ciudad. Es fundamental mantener o conseguir una mayoría de apoyo estable en el Consejo Municipal que en muchos casos deberá ser pactada y plural. El programa electoral debe mantenerse como horizonte pero en las primeras semanas es inevitable adaptarlo al marco político, legal y financiero. El conjunto del personal municipal, a todos, son un factor clave para lo cual hay que motivarles. El gobierno debe tener un discurso claro y coherente, escucharles y respetarles. Y saber tomar decisiones y que sean entendibles para la ciudadanía. Los representantes de lo que se autodenominan “nueva política” me temo que en bastantes casos, no todos, no han asumido aún estos criterios básicos. No se trata de multiplicar discursos ni es suficiente escuchar a la ciudadanía. A veces se tiende a mitificar la movilización y la participación, derechos ciudadanos indiscutibles. Pero la gente sale a la calle o promueve asambleas es cuando lo necesita no para substituir a los gobernantes. Las instituciones no deben organizar la participación sino establecer mecanismos para que los ciudadanos intervengan en los procesos deliberativos y de rendimiento de cuentas. Hay que demostrar que se gobierna, que se toman decisiones convenientes y razonables y que se tiene en cuenta a la ciudad, a todos los barrios y a todos los ciudadanos, no solo a los 2 votantes propios. Los cargos electos deberán acostumbrarse que no están detrás de una barricada sino en medio de la calle. Y no olvidar que lo que no se hace o se pone en marcha el primer añoes mucho más difícil hacerlo después. Si se fracasa no se debe culpar a los opositores o a los poderes fácticos, sino no haber evaluado la resistencia de la realidad o la incapacidad de encontrar las fisuras del desorden establecido.

Permitan que exprese una duda o quizás es una impresión equivocada. Me temo que a veces los recién llegados a los gobiernos de las grandes ciudades no conocen ni lo básico de la institución y muy poco de la ciudad. Se encuentra a faltar una visión y un proyecto de ciudad, sus centralidades existentes o necesarias, un modelo de movilidad, un programa de viviendas y de recuperación de suelo (no únicamente para situaciones de emergencia), una estrategia económica integral que no se limite a criticar excesos reales (como el turismo), una propuesta innovadora metropolitana, un programa cultural que no se reduzca a los espectáculos. Los programas de las candidaturas novedosas no permiten descubrir una base intelectual que contribuya al conocimiento de la ciudad actual y sus desafíos: los mecanismos especulativos y la financiarización del territorio; las potencialidades de las regiones metropolitanas; la fiscalidad supramunicipal para reducir las desigualdades; el replanteamiento de las relaciones público-privada respecto a los bienes y servicios vinculados a los derechos ciudadanos básicos (agua, energia, comunicaciones, transportes, etc); la urgencia de una reforma radical de la legislación del suelo que desvincule la propiedad del mismo del uso que debe ser de competencia pública; etc. Los partidos y las candidaturas no les corresponde proponer una teoría de la ciudad, pero si utilizar los conocimientos teóricos existentes para interpretar y transformar la ciudad.

En resumen las nueva o renovadas fuerzas políticas que han ganado las elecciones se merecen un voto de confianza pues han sido capaces de ganar la credibilidad y la esperanza de una parte importante de la ciudadanía. Lo que no han aprendido antes pueden aprenderlo aceleradamente en las primeras semanas de mandato o poco más. Cuando llegue el momento, próximo, antes de final de año, con el voto del presupuesto, se tendrá que empezar a rendir cuentas, anunciar lo que se ha iniciado ya y lo que se va a hacer en el próximo año. Y se tendrá también que exponer una propuesta de ciudad para los años siguientes. Entonces se verá si hay un proyecto posible e innovador, con una base política e institucional estable y mayoritaria pues se puede gobernar en minoría si se trata de aplicar un continuismo convencional y conservador pero hacen falta mayorías para promover un proyecto transformador. Nadie tiene el monopolio de lo que desea o no una sociedad plural, ni la alcaldía, ni sus aliados, ni los opositores. Las grandes ciudades con gobiernos más alternativos que de alternancia, como Madrid, Valencia, Zaragoza, A Coruña, Cádiz o Barcelona, sin menospreciar muchos otros, pueden proporcionar ejemplos a tener en cuenta. La ciudadanía precisa un proyecto que resulte convincente y estimulante para una gran mayoría, si no para todos sí para muchos más que los que puedan ser reticentes o contrarios. Un proyecto suficientemente materializado que conduzca a una reelección.

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