Elecciones presidenciales que pueden cambiar el futuro incierto de Francia y Europa

Sartre lanzó su denuncia: « Élections, piège à cons » (trampa para tontos). Una metáfora provocadora. Creo recordar que lo escribió en el artículo editorial de la publicación que dirigía, Les Temps Modernes. Fue después de la “revolución del mayo de 1968”. La Francia insumisa de entonces, recuperada ahora por Mélenchon, se disolvió cuando se convocaron las elecciones presidenciales. Las izquierdas fueron derrotadas rotundamente. En la primera vuelta los socialistas con un presidenciable potente, Gaston Defferre, tuvo el 5% de los votos y el representante del movimiento del 68, el brillante Michel Rocard el 3’5%. Un veterano comunista, de perfil staliniano y estilo populista y además crítico del “68”, Jacques Duclos, obtuvo el 21%. En la segunda vuelta se confrontaron el candidato gaullista y el liberal, ambos conservadores moderados, Pompidou y Poher. Sin embargo el tornado del 68 tuvo efectos profundos, fue una revolución cultural y renovó la política. Las generaciones politizadas por el 68 facilitaron la victoria de Mitterrand en 1981 con un programa de “ruptura del capitalismo”, ni más ni menos”! Pero fueron simplemente unas elecciones, se hicieron o se consolidaron algunas reformas. Solo con elecciones no se hacen revoluciones. Los “antisistema” pueden ser críticos del “sistema”, pero aunque les pese difícilmente pueden acabar él en las actuales circunstancias. Sean los reaccionarios como Le Pen o los izquierdistas como Mélenchon. Puede ser que su discurso exprese voluntad de dar la vuelta a la tortilla, pero no se hace solo llegando a la presidencia.“El sistema” es un conjunto de instituciones, medios de comunicación, tramas políticas, sociales y económicas, valores y comportamientos arraigados, poderes jurídicos y armados, entorno internacional. No basta ganar la presidencia, hace falta tener fuerzas superiores a las del sistema, no por capricho Gramsci planteó la cuestión de la hegemonía. Veamos con lo que cuenta cada uno a partir de los resultados electorales y mejor no utilizar conceptos confusos o polisémicos como armas arrojadizas en todas direcciones,, sea el antisistema, el populismo o el abuso de la democracia o su negación.

Los socialistas a la deriva. No solamente han reducido sus votos a la cuarta parte de lo eran. Su espacio electoral, social y orgánico se ha roto. Una parte está con Macron y otra parte con Mélenchon. Y lo que queda en el partido está dividido en fracciones enemigas, y lo ha pagado el candidato, Hamon, prácticamente solo, con algunos centenares de militantes. El aparato ha hecho de observador, cuadros y militantes dispersos y el presidente, Hollande, al margen. Las primarias, como ocurrió con las del partido de la derecha (LR, los “republicanos”), han servido para explicitar las rupturas internas, la militancia no correspondía con el electorado y el resultado ha sido trágico. Las próximas elecciones generales puede a formalizar la división. Personajes, solos o en grupo, buscarán cobijo en diversas candidaturas que les permita sobrevivir en las instituciones, bien formando parte del “partido del presidente”. O en lo que quede del Partido Socialista, o con Mélenchon o cualquier lugar donde asentarse. Su salvación como partido puede encontrarla si se establece un sistema proporcional, que le puede convenir a Macron, y también a Le Pen. A corto plazo los que fueron señores de la política se convertirán a lacayos, o testimonios de un pasado dorado que por ahora no volverá. La cultura socialista está arraigada y probablemente se recuperará pero no será fácil, ni rápido, ni se puede prever como se ubicará. Incluso bastantes expertos lo consideran casi muerto, como el Pasok. No es evidente.

La izquierda alternativa. El discurso de Mélenchon puede parecer “antisistema”, las propuestas no lo son tanto, las posibilidades menos. En el contexto actual, si hubiera pasado a la segunda vuelt y hubiera ganado la presidencia difícilmente podría hacer una reforma radical del marco jurídico y político aunque podría promover reformas económico-sociales. Lo cual requeriría modificar la relación con la Unión europea y una alianza ímpia con el FN, que parece imposible, podría promover un referéndum y ganarlo. Su momento no es el actual, pero ha construido unas bases de 400.000 activistas y 20% de los votos. Son una garantía de futuro. Tres millones más de votos respecto a las anteriores elecciones, el doble de votantes. Ha recibido principalmente el voto de los jóvenes y de las grandes ciudades. Primer partido en Marseille, Montpellier, Lille, Toulouse, Grenoble, etc. Y en dos distritos de Paris y en la periferia del Norte de Paris, etc. También ha sido el primer o segundo partido en las zonas críticas del norte industrial y en las regiones pirenaicas y del Languedoc, territorios en los que está muy implantado el FN. Su mapa electoral es muy similar al voto del PCF de los años 60, cuando tenía un suelo electoral por encima del 20%. La France insoumise de Mélenchon ha arrancado muchos votos de los socialistas pero también del FN. Sus bases les costará mucho votar a Macron, unos lo harán pero muchos otros votarán blanco o se abstendrán. ¿Antisistema, populismo, anacronismo, antidemocrático, llevar el país a la bancarrota? Criticar el sistema no es provocar un derrumbe institucional ni económico. Populismo si es un estilo desagradable o demagógico hay ejemplos mucho peores, Le Pen, Fillon o Macron. ¿Anacronismo? Fillon y Le Pen lo representan mucho mejor. ¿Antidemocrático? Todas sus propuestas son democratizadoras y no retóricas como los de Macron y las de Fillon y de forma más explícita las de Le Pen abiertamente antidemocráticas. Cuestionar el marco político-jurídico no es antidemocrático, todo lo contrario. Ya se sabe que el Derecho primero libera y luego oprime. Se trata de redemocratizar el proceso desdemocratizador que se ha impuesto en las últimas décadas. Solamente un detalle respecto al proyecto de esta izquierda: la democratización política y económica no se resuelve con unas elecciones, hay que construir un entramado social y cultural que genere una ola que movilice a la sociedad y que se transfiera a las instituciones. Los electores son seres atomizados, sin la fuerza de lo colectivo (como apuntaba Sartre al inicio). La sociedad movilizada refuerza al elector individualizado.

Una derecha rota por la mitad: la crisis de LR (“Los republicanos). La confrontación Fillon y Juppé no es baladí y no es solo personal, es una división histórica. Hay una derecha laica, liberal y republicana y una derecha católica, autoritaria y monárquica aunque la disfracen de “república”. Ésta es conservadora o reaccionaria y defiende como sea el lucro y los privilegios. La otra es relativamente más tolerante y rechaza del todo a la extrema derecha. Ambas asumen la globalización y el mantenimiento de la Unión Europea, pero unos quieren reforzar el nacionalismo patrio y los otros tienden más a reforzar el europeismo. Fillon ha acentuado la tendencia a la baja de LR como se manifestó en las elecciones anteriores que ganó Hollande frente a Sarkozy. En las elecciones de 2007 (siempre primera vuelta) Sarkozy obtuvo 12 millones y medio de votos, y en 2012 obtuvo 9,8 millones. Éste no supo atraer el centrismo representado por Bayrou (casi un 10%) y perdió parte de su electorado en favor del Frente Nacional (18%, en el 2007 tenía algo más del 10%). Ahora el FN con una campaña más que discreta ha obtenido el 21% de votos y Fillon ha perdido casi 3 millones respecto a Sarkozy en 2012. El centrismo de Macron ha ganado simplemente porque los otros perdían ,socialistas principalmente, pero tambien la derecha. Será difícil mantener las dos derechas juntas, unas hacia la extrema derecha y otros hacia el centrismo. Pero estos espacios están por ahora ocupados. La derecha francesa solo puede ganar si se hace más centrista. Pero el crecimiento de la extrema derecha no ha aún terminado.

Frente Nacional y su naturalización en el sistema político francés. En las elecciones presidenciales de 2002 Chirac (centro derecha) obtuvo el 19.99% de los votos, Jospin 16,2 pero sus aliados de las izquierdas se reservaron para apoyarle en la segunda vuelta y representaban un 25%. Pero Le Pen, padre, obtuvo el 16,9” y pasó a la segunda vuelta y Jospin pasó de casi presidente a salir del escenario público. Fue un trauma colectivo. El sentimiento republicano generó una movilización de los votantes en favor de Chirac que obtuvo el 80% de los votos. En quince años el Frente Nacional se ha en gran parte “desdiabolizado” aunque no guste al papa Le Pen. ¿El FN ha cambiado de piel como hicieron los italianos de Movimento Sociale? Marine Le Pen ha suavizado un poco el lenguaje, no niega el holocausto (pero sí otros líderes), pero mantiene casi todo lo que heredó de su padre y no puede evitar sus principios racistas. Pero ha sabido aprovechar la crisis económica y el fracaso de la Unión Europea para atraer a sectores populares y que sus temas sean recogidos por una parte de la derecha teóricamente democrática. Es parte de la sociedad y del sistema político de Francia que han naturalizado, con reparos o a medias, al FN. Tanto en la derecha como en la izquierda hay personajes políticos y ciudadanos de a pie que se abstendrán o votaran en blanco. El FN además ha hecho bandera antieuropea, mientras que Macron se ha revestido de la bandera de la Unión Europea. Guste o no el eje derecha-izquierda puede quedar en segundo plano.

Conclusiones, el futuro es tan incierto como lo que diga o haga Trump. Pero apuntemos lo siguiente. Macron será probablemente presidente y podrá armar una amalgama, el “partido del presidente”. Pero no es del todo seguro que gane. El FN puede plantear las elecciones presidenciales como un dilema “¿Europa o Francia?” En el referéndum sobre la Constitución europea, a pesar de la masiva propaganda en favor del Sí por parte de todos los partidos dominantes y los grandes medios de comunicación, ganó el NO con el 54%. Sería seguramente el fin de la Unión. No es probable pero puede obtener entre el 40 y el 45 % de los votos. Una base bastante sólida para ganar las siguientes elecciones presidenciales. Ya ha iniciado a moderar sus propuestas más extremistas, pero mantiene sus posiciones radicales sobre los inmigrantes y la Unión Europea. Empieza a atraer a fuerzas políticas conservadoras, incluso gaullistas, indispensable para ganar las elecciones. Su talón de Aquiles: cuanto más crece el FN también crece “el peligro para la democracia”: en el 2013 era el 47% y en el 2017 es el 58%. Pero si hace campaña para un referéndum sobre la Unión Europea, aunque no se haga, puede reforzarlo más.

El acercamiento entre FN y sectores de la derecha tradicional reactivará la derecha centrista y puede emerger un nuevo centrismo, una alianza de centro-derecha con los socialistas-liberales. Es lo que se ya configurado, provisionalmente, con Macron. La lógica conduciría a un bloque de izquierdas, algo así como un Frente Amplio, sobre la base de la France Insoumise, una parte de los socialistas y las izquierdas dispersas.

Estas hipótesis pretenden ser lógicas pero hay muchas variables imprevisibles y afortunadamente la política mitiga el aburrimiento de los discursos. La política ni es científica ni sigue veredas lógicas.

Elecciones Francia, publicado en Agenda Pública (entre los dos turnos de las presenciales)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *