El nacimiento de nuestra fuerza.

[Aquest article també està disponible en català.]

El año 1916 fue un año de luchas obreras, principalmente huelgas. Los precios de alimentos y otros bienes necesarios habían considerablemente aumentado. Los salarios de los trabajadores cualificados habían mejorado pero siempre menos que los precios del consumo familiar. Y sobre todo los trabajadores menos cualificados y la gente mayor vivían miserablemente. En cambio la “burguesía”, como así calificaban las clases populares a los ricos y especialmente a los propietarios de negocios que se habían enriquecido en aquellos años. Era una época de inestabilidades y turbulencias, el corrupto régimen de la Restauración se había devaluado mucho, no solo ante los sectores populares excluidos de la política institucional. Surgió incluso un movimiento reivindicativo en las Fuerzas Armadas, las Juntas de Defensa, inicialmente clandestinas. El catalanismo político se hizo presente en las instituciones monárquicas y se constituyó la “Assemblea de parlamentaris” que reivindicaba una mayor autonomía, pero que no tenia predisposición para concertarse con los republicanos y socialistas, opositores al bipartidismo conservador y a la monarquía. Como se deduce que había diversidad de actores contrarios a la Restauración pero que caminaban por senderos diversos y eran antagónicos entre sí. Pero fue el sindicalismo obrero el que forjó un inicio de unidad.

Una crónica novelada de aquellos meses, entre 1916 y 1917, la escribió Victor Serge, El nacimiento de nuestra fuerza. Nace el sindicalismo moderno que lidera en Catalunya la CNT y Salvador Seguí, “el Noi del Sucre”. En pocos mesos, intensos y dramáticos, fueron también de aprendizaje. Por primera vez CNTy UGT establecen un pacto de unidad para la acción y convocan una huelga general de un día que a pesar de la escasa preparación tiene éxito en las zonas industriales de toda España y especialmente en Catalunya y Madrid. Salvador Seguí propone una nueva huelga general sin límite para 1917 que fuerce a la patronal a negociar mejoras de salarios y de condiciones de trabajo. Seguí propone que el Comité Nacional de Huelga radique en Madrid para facilitar la extensión de la huelga por todo el país. Besteiro (UGT-PSOE) es encargado de redactar la declaración conjunta de CNT y UGT. También propone establecer diálogo con sectores de las Fuerzas Armadas para conseguir su neutralidad, pero no encuentra un ambiente propicio. El Comité de huelga de Barcelona, con Seguí al frente, debe pasar a la clandestinidad pues la policía pretende detenerlos (solo consiguen detener a Teresa, la compañera del Noi del Sucre).

En verano de 1917 se inicia la huelga. El gobierno monárquico y la patronal consideran que es una “huelga revolucionaria”, a pesar de su carácter social y pacífico. Las “T” que los sindicalistas clavan en las vías del tranvía para paralizar el transporte ocupado por policías lo cual exacerba la rabia de las autoridades. Las fuezas policiales cargan violentamente contra las concentraciones y los piquetes de trabajadores. Hay casi un centenar de muertos, muchos heridos y dos mil detenidos. Los dirigentes son encarcelados, entre ellos Largo Caballero y Besteiro. L’”Assemblea de parlamentaris” se pone de lado del gobierno del Estado. Seguí y Pestaña aprenden la lección. No basta tener razón. Hacen falta aliados y hay que medir las propias fuerzas. Dos años más tarde la huelga exitosa de La Canadiense se supo gestionar mejor. Hay que saber terminar las huelgas: “les hacemos para obligar a la patronal a negociar, no es la revolución” dirá Salvador Seguí y Pestaña le advierte que otros dirigentes le crearan problemas. Pero ambos saben que conquistar el poder político es otra cosa.

El relato de Serge se mueve exclusivamente en círculos sindicalistas y anarquistas, casi sin referencias al catalanismo y los sectores liberales. Eran dos mundos separados. Seguí, Darío en la obra de Serge, le dice contemplando Barcelona desde el Tibidabo, “esta ciudad la hemos hecho nosotros, con nuestro trabajo, pero la burguesía nos la ha arrebatado”. El catalanismo político se identificaba con el conservadorismo y la actitud de la Assemblea de parlamentaris lo confirmó. En la conferencia del Ateneo de Madrid dos años más tarde Seguí lo denuncia: Aquí en Madrid, y lo diría también en Barcelona, estamos contra estos señores (la Lliga) que pretenden monopolizar la política catalana… Nosotros los trabajadores en una Catalunya independiente no perderíamos nada, más bien ganaríamos… La independencia no nos da miedo”. ¿Independencia? La aceptaba, pero era ante todo internacionalista y soñaba con una España de pueblos libres. Pero su prioridad era contribuir a unificar las izquierdas políticas y sociales del conjunto del Estado, especialmente los sindicatos con los republicanos y socialistas. Sin aliados políticos las luchas sociales fracasan, incluso cuando vencen. Los gobiernos y el sistema economíco recupera sus privilegios.

Hoy el independentismo ha optado por enfrentarse solo con el Estado español. Mejor dicho pretende olvidar su existencia, como los niños que cierran los ojos para que no los vean. Han prescindido de gran parte de las izquierdas catalanas cuando la consulta es el paso previo a la independencia y tiene un apoyo mucho más amplio, en Catalunya y en España. Una nueva relación con el Estado español requiere conquistar aliados en España. Es difícil avanzar cuando se abandonan los caminos para buscar callejones sin salida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *