De la movilización social a la dispersión electoral en Catalunya.

Noticias de Catalunya, con fondo español. Nota 1.

El auge del movimiento popular catalán emergió en julio de 2010 a raiz de la sentencia del Tribunal Constitucional español. Había sido la gota que derramaba el vaso de la paciencia. Provocaciones respecto a la enseñanza, lengua y cultura, elementos clave de la nacionalidad y competencia exclusiva.

Maltrato fiscal sin respetar el criterio de ordinalidad (la transferencia de ingresos al resto del Estado no debe dar lugar a que el gasto por habitante te deje por debajo de la media o de los beneficiados) y ni tan solo negociar un pacto fiscal. Incumplimiento de las transferencias pendientes y no ejecución de las inversiones programadas en Catalunya, de por sí inferiores al resto del Estado. Impacto social de la crisis, en muchos casos mayor que en otras Comunidades autónomas, sin que el Gobierno español contribuyera a atenuarlo. El Estatut aprobado y fuertemente recortado por las Cortes españolas y aprobado en 2006 por referéndum en Catalunya, a pesar de considerarlo insuficiente, dió lugar a una feroz campaña “anticatalana” promovida por el PP el cual presentó recurso ante el Tribunal Constitucional mientras que algunos de los principales dirigentes del PSOE denunciaban las aspiraciones catalanes y los excesos del Estatu. Una gran parte de la ciudadanía catalana expresó su indignación y reconsideró la relación de Catalunya con el Estado español. En julio 2010 los centenares de miles de manifestaron gritaron por primera vez “independencia”, “autodeterminación” o “derecho a decidir”.

En los dos años siguientes esta movilización creó un nuevo ambiente político en Catalunya. Se crearon plataformas o coordinadoras de colectivos sociales y territoriales. Omnium Cultural, la principal entidad defensora de la cultura y la lengua catalanas se orientó hacia la acción política. Los partidos políticos catalanes (CiU, ERC, Iniciativa Catalunya-EUiA, CUP) acentuaron su catalanismo, unos exigiendo un nuevo Estatuto propio del federalismo avanzado o asimétrico, o una relación confederal con el Estado español o directamente la independencia en el caso de ERC y CUP.1 Se creó la Assemblea Nacional Catalana (ANC) en abril 2011 en una Conferencia y se formalizó en marzo 2012. La ANC está formada por personas, con o sin adscripción partidaria, que cubren un amplio espectro político, desde el centro derecha hasta la extrema izquierda. La opción independentista, en mayor o menor grado, caracteriza a sus 80 000 miembros, aunque hasta 2014 tenían como lema y objetivo “el dret a decidir”.

Las grandes manifestaciones de los 11 de setiembre de 2012, 2013 y 2014 reunieron de un millón la primera a dos millones de personas la tercera. La convocatoria empezó con el lema “el derecho a decidir” y la última ya reclamaba directamente la “independencia”. Esta evolución se debe en gran parte a la posición ultramontana del gobierno español que se ha cerrado en banda ante cualquier posible negociación o pacto destinada a un encaje específico de Catalunya en un sistema federal o confederal. No sólo eso, ha multiplicado las amenazas y las agresiones a las competencias propias y exclusivas de la Generalitat y ha acentuado el maltrato fiscal, financiero e inversor respecto a Catalunya. Hay que reconocer que el Gobierno del PP se ha convertido en el mejor aliado de los independentistas irredentos que han aumentado ante la conclusión que “no hay nada que hacer con España”. Como veremos luego las posiciones del PSOE muy similares al PS en relación con Catalunya y las reticencias de Podemos ante la consulta han contribuido también al auge “independentista”.2

La reivindicación de “independencia” es pues a la vez un medio y un fin. Un medio para forzar una negociación con el gobierno del PP o para debilitarlo y contribuir a si caída. Y un fin si se consolida una mayoría social suficiente mediante la acumulación de fuerzas a lo largo del proceso iniciado. Como es sabido la “cuestión catalana” se ha definido como “el Procés. Pero este proceso que fue acumulativo entre 2012 y 2014 culminó en un punto álgido el 9 de noviembre con la celebración de una “consulta” indicativa, precaria por no tener valor legal y en condiciones suficientes para considerarla legitimadora. La consulta fue sin embargo un éxito pues movilizar a más de 2 millones de personas a votar en un acto considerado ilegal por parte del gobierno español es demostrativo de la existencia de una probable mayoría ciudadana partidaria de una consulta legal. En cambio el 90% de votos favorables a la independencia no prueban ni si hay una mayoría independentista o no la hay.

Esta consulta no legal ha derivado hacia unas elecciones que unos partidos consideran plebiscitaria (CiU y ERC y seguramente CUP), otros solamente un valor indicativo (ICV-EUiA) y otros simplemente unas elecciones simplemente normales pero adelantadas sin necesidad alguna (PSC, Ciudadanos, PP). Aunque los partidos que defienden el carácter plebiscitario pretenden obtener una mayoría parlamentaria y declarar unilateralmente la independencia de Catalunya. Los otros partidos consideran que una declaración de este tipo requiere una legitimidad que solo puede derivarse de una consulta legal y una mayoría clara y contrastada mediante el sufragio universal. Parece ser la idea dominante en la “sociedad civil” y en los partidos de izquierda. Obviamente los partidos contrarios a la independencia consideran totalmente aberrante y delictivo plantear la declaración unilateral de independencia por parte del Parlament.

La operación electoral ha sido ideada y programada por Artur Mas y el efecto a corto plazo ha frenado el movimiento popular catalán y hasta cierto punto lo ha fragmentado y aparentemente aparece algo diluido. Hasta entonces era movimiento socio-político orientado mayoritariamente hacia la izquierda pero sin una representación política-institucional clara. En todo caso los que pretendían serlo (CiU y ERC, centro-derecha y centro-izquierda) solo representaban a una parte del movimiento. La iniciativa de Mas conseguía tres objetivos claros. Uno: ganar tiempo ante el inmovilismo del gobierno PP que muy posiblemente perdería las elecciones generales. Dos: mantenerse en el alto de la ola pero al mismo tiempo desactivar el movimiento en la calle puesto que el calendario electoral pasaba a primer plano. Tercero: atar a su iniciativa a ERC pues también aspiraba a unas elecciones plebiscitarias. Sin embargo esta operación tiene dos serios inconvenientes, tanto desde una perspectiva independentista como progresista o con el objetivo de acabar con el gobierno PP. Al desactivar el movimiento popular catalán se disuelve (por lo menos hasta después de las diversas elecciones) el principal ariete confrontado con el reaccionario gobierno español y el catalanismo, independentista o con derecho a decidir pasa a segundo plano. Y por otra parte la prioridad electoral impide la construcción de un frente político con vocación de representar la movilización social. La atomización de la ciudadanía, sin acción colectiva, tiende a un voto más conservador. Las encuestas sobre la intención de voto a la izquierda y en el caso catalán sobre la opción independentista son indicativas. Véase el auge de Ciudadanos, la tendencia a la baja del voto a Podemos, el estancamiento del PSOE y la cuasi desaparición deI Izquierda Unida así como la baja del independentismo (del 50 al 40% aproximadamente)3.

Procuro evitar interpretaciones basadas en hipótesis conspiratorias o maquiavélicas pero la operación impulsada por el president de la Generalitat tiene un único beneficiario: él mismo y CiU. Es probable que el autor de este artículo esté influido por la previsión que hizo a inicios de octubre de 2012 en una serie de cartas escritas desde Londres que unos meses más tarde fueron publicadas en un libro.4 En síntesis nos aventuramos a adivinar como podría actuar Artur Mas. Procurará colocarse sobre la ola que emergió el 11 de septiembre. Planteará como objetivo “el derecho a decidir” y el reconocimiento de Catalunya como nación y con capacidad de autogobierno. Acentuará el discurso nacionalista. Pero mantendrá la necesidad de hacer una consulta a la ciudadanía en un marco legal. Lo cual dejaba en manos del gobierno del PP la consecución del objetivo de la movilización social. Pero si que le permitía ganar tiempo, mantener la llama que emergiera regularmente y llegar al año de las elecciones como adalid nacionalista “ma non troppo”. También sugerí que en este proceso que solo estaba en sus comienzos pudiera internalizar el síndrome del general Della Rovere, que llegara a identificarse con su discurso.5

Dos años y medio después la historia no ha sido del todo así pero tampoco muy distinta. Mas no ha conseguido negociar nada con el gobierno del PP y ha tenido que hacer malabarismos para no ser desbordado por la Assemblea Nacional Catalana y en el escenario político partidario por el independentismo de ERC. Lo cual le ha llevado a plantear una cuasiconsulta (9 de noviembre 2014) y a declarar como objetivo la independencia y a iniciar la construcción de estructuras de Estado. Una operación que por ahora le ha salido bien pero no deja de ser una política cortoplacista, ganar tiempo para llegar en buenas condiciones a las próximas elecciones. Es posible que Mas tenga el síndrome “Della Rovere” y sea sincero cuando proclama su relativo independentismo. Pero también sabe que ni su partido ni su base electoral no está ni mucho menos dispuesta a una aventura independentista unilateral. Tampoco hay una mayoría social cualificada que se apunte a esta opción ni el gobierno español, el actual o el próximo, van a facilitar un proceso independentista clásico. En el mejor de los casos podría pactar una mayor cota de autogobierno, especialmente en cultura, lengua y educación y algo parecido a un pacto fiscal. Lo cual por ahora no es un escenario probable en un futuro próximo a menos que Podemos y PSOE estén por la labor y además formen una mayoría parlamentaria.

En resumen el panorama catalán actual es “stand by”, a la espera de unas elecciones falsamente plebiscitarias y inevitablemente confusas. CiU solamente se plantea durar si es posible al frente de la Generalitat a sabiendas que sea cual sea el resultado no habrá probablemente una mayoría para una declaración unilateral de independencia por mucho que griten y pataleen ERC, CUP y quizás Assemblea Nacional y Omnium. Aparecerán Podemos y Ciudadanos con fuerza y sobre el caso catalán sus posiciones de fondo no son muy distintas del PSOE y del PP, aunque hay que esperar que serán más dialogantes. Las izquierdas políticas, que han quedado bastante fuera de juego ante la irrupción del independentismo. Sin embargo tienen una base organizativa y electoral que puede disminuir en las próximas elecciones pera aguantaran el envite. La cuestión es si las izquierdas “viejas” (¿PSC?, ¿ERC?, ICV-EUiA) y las “nuevas” (Podem, Guanyem, Barcelon en Comù, Procés constituent, movimientos sociales diversos, CUP, etc)6 pueden resolver la cuadratura del círculo en dos dimensiones: catalanismo y izquierdismo).

Notas

1 El PSC (los socialistas catalanes) asumieron siempre “el derecho a decidir” pero no la independencia. Solo capetan una consulta o referendum que se ejerza en un marco legal. ICV-EUiA mantiene una posición fuerte sobre el derecho a decidir, sea o no sea admitida por el gobierno espanyol y no rechaza la independencia si el gobierno espanyol actual o el que le suceda en 2016 no abren vías de díalogo. CiU está dividida. A partir de 2014 Mas, la dirección y los cuadros de Convergencia han optado por la independencia pero no así Unió. Es dudoso que las bases y electores convergentes sean en gran mayoría independentistas. Obviamente el PP y Ciudadanos no aceptan la opción independentista ni como posible opción en una consulta no vinculante. En realidad no aceptan ninguna consulta sobre el futuro de Catalunya.

2 Pablo Iglesias, en su primer y gran discurso en Barcelona a finales de 2014, declaró que asume la consulta pero que debe realizarse en un marco legal que requiere la modificación de la Constitución. Lo cual significa enviar la consulta a un futuro indeterminado.

3 El salto del “derecho a decidir” a la “independencia” por parte de la ANC, Omnium, ERC y CiU ha seguramente satisfecho a gran parte de los participantes en las manifestaciones pero no todos. Y a una parte del electorado catalanista o que consideran lícito y lógico consultar a la ciudadanía en una democracia.

4 Cartes de lluny i de prop, L’Avenç, maig 2013.

5 La gran película de Roberto Rossellini interpretada por Vittorio de Sica narra la historia de un vivales que se hace pasar por general en la Italia ocupada por el ejército hitleriano y consigue asistir a fiestas y banquetes y conseguir algunos favores y dinero. Los alemanes sospechan de este “general” conspira contra ellos y lo detienen para interrogarle. El falso general, al ser maltratado, reacciona considerando que para los alemanes es un general italiano y se merece respeto. Asume pues ser un general leal a su país y se deja fusilar. Obviamente no pretendemos identificar a Mas con este personaje. Solamente sugerimos que el personaje puede llevar a identificarse con la persona.

6 CUP ha acentuado su discurso independentista y mantiene su proyecto utópico sobre “els Paísos Catalans”. Lo cual no sería un obstáculo para coaliciones electorales y alianzas parlamentarias. El problema es que ha evolucionado hacia un “izquierdismo” doctrinario y sectario que dificulta mucho acuerdos mínimos.

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