Ciudades del futuro

Las ciudades del futuro son las de hoy. El futuro urbano se está construyendo cada día. Es suficiente analizar las tendencias actuantes. Pero éstas son contradictorias y por lo tanto no podemos adivinar como serán los resultados de las dinámicas confrontadas. ¿Se impondrán los modelos fragmentados y dispersos, las calles y los barrios cerrados, los centros gentrificados o monopolizados por los edificios altos y ostentosos del poder político y económico? O por el contrario ¿predominarán más las resistencias sociales impondrán la vida urbana hecha de mixturas y continuidades? ¿las nuevas centralidades y la compacidad de los desarrollos urbanos periféricos, el “hacer ciudad sobre la ciudad, la ciudad amable y convivencial definida por la calidad del espacio público? En resumen ¿viviremos en una ciudad fundamentalmente “competitiva” y segregadora, desigual y ostentosa? ¿o viviremos en una ciudad amable e integradora, reductora de las desigualdades y pensada para vivir todos y no como escenario for export para los visitantes y sus servidores mientras la mayoría via en urbanizaciones sin ciudad?1

Tendencia no es destino. Los actores sociales y políticos pueden orientar las tendencias en un sentido u otro, reforzar una y reducir otras. Para ello hay que imaginar escenarios de futuro y contrarrestar las fuerzas o mecanismo que generan espacios urbanos anticiudadanos. Los escenarios de futuro deseables no son exactamente las utopías urbanas, las ciudades ideales imaginadas por literatos, filósofos, ingenieros, arquitectos, urbanistas o políticos. Son el resultado de estrategias promovidas por los actores del presente. Hoy sabemos cuales son las tendencias perversas y las humanistas. Y conocemos cuales son las fuerzas e intereses que generan despilfarro de recursos y hiperconsumo artificioso, el malestar urbano y la desigualdades o exclusiones crecientes. Y no faltan ideas sobre como hacer una ciudad justa, humana y atractiva. Hay experiencias positivas en casi todas las ciudades, parciales pero estimulantes, contradictorias pero de las que siempre se puede aprender2. Hay numerosos autores que analizan críticamente la ciudad actual y hacen propuestas radicales y posibles. Hay movimientos sociales que realizan prácticas ejemplares y expresan aspiraciones e ilusiones. Pero no hay propuestas alternativas que formalicen la ciudad del siglo XXI y que incorporen los valores ciudadanos que emergieron en Europa en la Baja Edad Media y se han ido desarrollando desde entonces y especialmente en los siglos XIX y XX por el impulso de los pensadores críticos y radicales y los movimientos populares de las clases trabajadoras.

Las utopías urbanas, una historia interrumpida.

En una época de crisis profunda de la ciudad parece oportuno reivindicar a las “utopías urbanas” positivas. No para copiar sus propuestas propias de otros tiempos en muchos casos. Menos aún para imponer modelos físicos y sociales como Celebration, la ciudad ideal de la compañía Disney, que significaría construir falsos paraísos carcelarios.3 La utopía no es un modelo de sociedad (o ciudad) que substituye a la existente, es un horizonte, “la utopía sirve para andar”como dijo Galeano. La utopía urbana interesaron siempre a los urbanistas como propuestas societales e ideas de ordenación fisica que expresaran un proyecto de “ciudad igualitaria” como deseó Cerdà4.

Una de las primeras utopias “modernas”, la Utopia de Thomas More (1515), sirvió un siglo y medio después de inspiración a Tommasso Campanella (1568-1639) cuya obra La ciudad del sol anuncia “la ciudad socialista”. Pero es a partir de la revolución industrial que aparecen las utopías urbanas en su mayoría críticas con las injusticias sociales tan visibles en las aglomeraciones urbanas. Estas utopías proponían ciudades alternativas a las existentes. Veáse la New Harmony de Rober Owen (1771-1858) que empezó a poner en práctica su “ciudad cooperativa”. El Falansterio de Charles Fourier, otro “socialista utópico” (1772-1847) el cual describió detalladamente las formas de la ciudad y la organización social. La Nueva Icaria de Eugène Cabet (1778-1856) que también llevó a la práctica sus “colonias” en Inglaterra y Estados Unidos, como Owen. Estas propuestas sin embargo adolecían de su carácter experimental y marginal. No transformaban la sociedad, construían “sociedades urbanas” al margen de ella. Pero sus ideas son aún hoy estimulantes.

En la segunda mitad del siglo XIX aparecen nuevos pensadores y proyectistas de ciudades alternativas que pretenden intervenir en las ciudades existentes. Aparecen los precursores de la ecologismo urbano de nuestra época. Nos referimos a Benjamín W. Richardson(1828-1896), William Morris (1834-1896) y a Ebezener Howard (1850-1928): fueron los creadores de la Ciudad-jardín y han influido directamente en el urbanismo contemporáneo, pero había una cierta dosis nostálgica de un neoclasicismo propio de la ciudad barroco. Haussman el transformador de Paris (entre 1852-1870) fue más práctico y se enriquecíó: abrió grandes avenidas y el boom inmobiliario y especulativo ha servido de referencia actual “contrautópica”. Aún más influencia han tenido ideólogos y planificadores de la Ciudad industrial como Tony Garnier que se inspirò en una novela de Zola , Trabajo. Dos pensadores más próximos y que llevaron sus propuestas de renovación de las ciudades industriales son el ya citado Ildefons Cerdà y el madrileño Arturo Soria, creador del modelo de Ciudad lineal5. La culminación de las utopías inspiradores de la ciudad industrial del siglo XX culmina en el Movimiento moderno y la propuesta de Cité Radieuse que procura integrar las principales contribuciones de todos los utopistas que hemos citado.

Para concluir este breve recorrido hay que constatar que las ideas urbanas positivas y más o menos utópicas se interrumpen a mediados del siglo XX. Se reconstruyen las ciudades, después de la segunda guerra mundial, con una fuerte influencia del Movimiento Moderno pero este modelo tiende a agotarse debido a los procesos urbanizadores metropolitantos. Se asume la urbanización que desborda las ciudades y debilita la ciudadanía. Aparecen las contrautopías que encuentran su teórico provocador y arquitecto mediático, Rem Koolhaas y su “ciudad genérica”, fragmentada y difusa, donde la arquitectura substituye al urbanismo, y la urbanización niega la ciudad. La reacción es el historicismo elitista que ha tenido su valedor en el príncipe de Gales y su inspirador el arquitecto Leon Krier. Las propuestas de ciudad-región, ciudad-territorio, ciudad de ciudades, ciudad metropolitana, región metropolitana, etc más que conceptos proposititos son palabras destinadas a dar un nombre a una realidad sin plan y sin proyecto. La urbanización sin ciudad nos exige contruir modelos de ciudades para ciudadanos.

Jordi Borja, 1 octubre 2014

Notas del autor

1 El autor analizó las tendencias presentes y lo resumió en 12 tendencias negadoras de la ciudad que hace ciudadanía y las tendencias positivas las que hacen posible el ejercicio de los derechos ciudadanos. Veáse el libro colectivo Ciudades, la ecuación imposible (Belil, Borja, Corti compiladores, Icaria 2012) o La revolución urbana y los derechos ciudadanos (Jordi Borja, Alianza Editorial, 2013).
2 Permitan que haga una referencia a Barcelona. Desde la década de los 90 fue considerada como un modelo excelente a imitar. En los últimos 10 años se han generalizado las críticas negativas. Ni todo fue luminoso antes, ni oscuro ahora. Y de lo uno y de lo otro se puede aprender.
3 Platón en sus obras, La República y otras, propone su “ciudad ideal”, la Atlántida. Una utopia social totalitaria que impone una supuesta felicidad a toda la humanidad. Una versión hollywoodiana aparece en la película “El Show de Truman”. Y algunas realizaciones del “new urbanism” son mini utopias: urbanizaciones para clases medias acomodadas y relativamente cultas que se refugian en pseudos barrios inspirados por el imaginario de ciudades históricas europeas.
4 Ildefonso Cerdà`(1815-1876), uno de los fundadores del urbanismo moderno, autor de Teoría general de la urbanización y el autor del Plan de Barcelona que diseñó un modelo de ciudad fuera de las murallas, en un llano que no había sido urbanizado.
5 La Ciudad lineal se experimentó como barrio en Madrid. Pero fue en la Unión Soviética que se adaptó este modelo y que dio lugar a una ciudad nueva, Stalingrad (hoy Volgograd).

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