Atravesar la calle

Atravesar la calle para salir de casa, un verso de Cesare Pavese. En política sin gente en la calle se puede gobernar pero no cambiar nada importante. Las ideas y las aspiraciones se hacen hegemónicas en la calle. En casa se impone el conservadurismo, el miedo y la pasividad. Pero primero quisiera contarles una historia. Verídica, fue en Paris en 1962. Conocí a dos hermanos que se exiliaron al terminar la guerra civil. Eran del Empordà, creo que de Figueras. Habían ingresado muy jóvenes a finales de los años 20 en el Partit Comunista de Catalunya. Fue uno de los cuatro partidos (con la federación catalana del PSOE, la Unió Socialista y el Partit proletari català) que se unificaron en 1936 para constituir el PSUC, en julio celebró 80 años. Eran tiempos de grandes cambios, fuertes tensiones y muchas confusiones. Se declaró la República en abril 1931 y en las ciudades la expresión popular de alegría y esperanzas fue muy grande. Pero el pequeño Partit Comunista, de acuerdo con el PCE y las orientaciones (o desorientaciones) de la Internacional decidió denunciar la república. Los dos hermanos, buenos militantes, hicieron una gran pancarta con el lema “A bajo la República burguesa, todo el poder a los Soviets”. Pero se temieron que podían que salir apaleados. Prudentes pero no traidores a su partido se pusieron almohadas debajo de las camisas. Y aparecieron con su pancarta en la manifestación. No aguantaron muchos minutos en ella. Aprendieron la lección.

El 11 de setiembre fue a partir de 2012 una jornada de movilización ciudadana, popular, de indignación, de ilusiones y de alegría. Para muchos su esperanza es la independencia, otros quieren irse de España por el menosprecio de los gobiernos y de los aparatos de los partidos estatales. La gran mayoría manifiesta su malestar, quiere cambios y expresa su catalanidad. La independencia para unos es fundamental, innegociable. Para otros es la reivindicación que puede cuestionar el actual régimen político español. La suma es una mayoría social activa y no hay otra que pueda competir con ella. La movilización ciudadana del 11 de setiembre no la convoca el Govern de la Generalitat, ni unas siglas partidarias. La bandera no es el Full de Ruta, pues pocos la conocen con detalle. No todos son independentistas. O son instrumentalistas, la demanda de independencia puede derivar en una nueva relación con el Estado español. Los hay que son federalistas o quieren mayor autonomía financiera, competencias exclusivas en lengua, cultura y enseñanza, proyección internacional. No están en contra de la independencia si la mayoría así lo quiere mediante consulta popular. El 11 de setiembre es una expresión de fuerza democrática y popular, no una manifestación partidaria.

No entiendo la automarginación de la movilización de la diada por parte de fuerzas políticas contrarias al sistema político español, a favor de una España plurinacional, en contra del maltrato por parte del gobierno español y a favor de una consulta sobre el futuro de la relación de Catalunya con España, que incluye la independencia. El rechazo a la diada es una decisión de aparato partidario frente el uso que se hace por otros aparatos partidarios de signo distinto. Los que se automarginan lo único que consiguen es ser percibidos, quizás injustamente, como aliados objetivos del bloque “constitucionalista” y entregan el liderazgo de la movilización popular a fuerza políticas independentistas opuestas. Como diría Fouché “no es un crimen, es mucho peor, es un error”.

Cuando una gran parte de la ciudadanía sale a la calle hay que tenerla en cuenta. Si lo hacen con motivaciones legítimas, democráticas y portadoras de aspiraciones hay que estar ahí y en primera línea. Podemos disentir sobre hojas de ruta discutibles y no generar ilusiones concretas poco realistas. Hay que evitar grandes frustraciones, pero hay que estar en la calle con los deseos colectivos y positivos. Estar en la calle con lo que une. Expresan valores e ideales. Luego, con esta fuerza, se concretan los objetivos. Borges nos dijo “nadie se arrepiente de tener un acto de coraje”.

Artículo publicado en El País.

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