América para los americanos

El título, como seguramente saben, se debe a un presidente de los EE.UU., Monroe, en 1823. El inspirador fue el secretario de Estado J.Q.Adams. Esta doctrina la han seguido todos los presidentes norteamericanos. Las intervenciones directas o indirectas han sido constantes. Recuerden la respuesta de Roosevelt cuando le comunicaron el golpe de Estado de Somoza en Nicaragua. Le advirtieron que era un “hijo de puta”. Respuesta: “Es probable. Pero es nuestro hijo de puta”. El ex presidente brasileño, F.H.Cardoso, amigo de los EEUU me comentó en una comida privada “los gobiernos norteamericanos son mucho peores para los latinoamericanos de lo que pensábamos cuando éramos muy izquierdistas”. A finales de 2007, a punto Obama de asumir la presidencia, había muchas expectativas positivas respecto a América latina. Participé en una mesa redonda en la New School. El catedrático de Historia de América latina de New Cork University, prestigioso y moderado, afirmó “no se hagan ilusiones, el gobierno de los EE.UU. mantendrá las mismas políticas de siempre respecto a América latina, aunque haya algunos gestos o declaraciones amistosas. Como ocurre con Cuba, para distraer al personal. El diseño de dominación actual es mucho más ambicioso. Un mercado de libre comercio entre el continente americano, del norte y del sur, con los países asiáticos, hegemonizado por EE.UU.

El giro democrático de la mayoría de los países latinoamericanos desde finales del siglo pasado ha representado un progreso en cuanto a las libertades políticas y los derechos humanos, la reducción de la pobreza y un crecimiento económico continuado. Pero en estos últimos años ha habido una escalada de golpes de Estado, de fraudes electorales y de campañas desestabilizadoras promovidas por sectores económicos y mediáticos con viejas y nuevas derechas que han contado siempre con el apoyo o instigados por los EE.UU. Recuerden Honduras, Paraguay, Brasil los más evidentes. Algo parecido hubiera sucedido probablemente si en Argentina hubiera ganado el candidato kichnerista. Las presiones sobre Ecuador y Bolivia han sido permanentes, además de Venezuela, aunque Maduro hace todo lo posible para generar anticuerpos. El giro conservador es percibido en Europa como “democrático”, contrario al populismo, destinado a acabar con la corrupción y el despilfarro económico. La prensa europea en su gran mayoría repite el discurso de los medios latinoamericanos privados voceros de las derechas más conservadoras. Un ejemplo fue la “ley de medios” argentina que pretendía acabar el monopolio mediático y que se vendió como un atentado a la libertad de expresión.

Se ha usado la corrupción como argumento para deponer o descalificar gobiernos. Es suficiente leer con un poco de detenimiento las acusaciones a Lula y la presidenta de Brasil para darnos cuenta de que no hay enriquecimiento sino manipulaciones presupuestarias propias de todos los gobiernos. Algo similar ocurre con la hasta hace unos meses la presidenta argentina. La corrupción política en Brasil y en Argentina ha sido mucho mayor con todos los gobiernos anteriores. En Brasil gran parte de los diputados cobraban para votar las leyes. En Argentina la corrupción política fue mucho más escandalosa con De la Rúa y con Menem. Pero veamos rápidamente que ha sucedido en los tres primeros meses del gobierno derechista argentino presidido por un gran empresario, Macri, cuya familia enriqueció como contratista del Estado en las décadas anteriores al kichnerismo. Los datos citamos a continuación proceden de un informe de la Universidad Católica y de un estudio de la Banca JP Morgan. La pobreza pasó del 29 % al 34’5%, 1’4 millón de personas que se añadieron a los 11’5 millones anteriores. En el sector público se despidieron a 18000 empleados y fuentes gremiales anuncian que pueden llegar a 65 000. La Nación (el periódico más prestigiado) anuncia unos 100 000 despidos a corto plazo. Los despidos privados afectarán principalmente a las pymes debido a los costes de los insumos y el aumento de la energía (que puede multiplicarse por 3 hasta 7 veces). La inflación aumenta mensualmente entre el 3 y el 5%. Los pensionistas ven bloqueadas o reducidas las pensiones y se ven afectados por los aumentos de los los servicios domésticos que van del 100% del transporte, 300 a 500% el agua y el 700% la electricidad). Se han eliminado 160 medicamentos que estaban subvencionados al 100%. Se aplica sistemáticamete una reducción de salarios, se fijan topes salariales y se toman medidas represivas ante los conflictos sociales y las manifestaciones públicas. Pero no todo son malas noticias para algunos. El gobierno multiplica las desregulaciones al sector privado, aperturas sin restricciones al capital internacional y endeudamiento externo, transferencias de ingresos al sector empresarial y reducción de impuestos a las rentas altas y a los beneficios del capital. ¿Democracia? Sí, pero para una minoría.

La Vanguardia. Mayo 2016.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *