“Ciudad Posible” M.Corti. Prólogo de Jordi Borja

Marcelo Corti nos propone una obra que integra por lo menos tres o cuatro. Es un tratado analítico y propositivo, base de uno o dos cursos de alto nivel académico, que conceptualiza teóricamente las múltiples dimensiones del urbanismo y expone múltiples casos des ciudades del mundo desarrollado o en proceso de desarrollo, en especial América y Europa. Se sintetizan situaciones y propuestas de una gran diversidad de ciudades.

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Barcelona y La Torraça, una nueva oportunidad

Catalunya, como cualquier territorio complejo, en su morfología, su historia y su composición socio-cultural, es heterogénea, incluso contradictoria. La diversidad puede ser problemática pero es siempre una riqueza. Los comportamientos electorales reflejan estas diversidades. Es suficiente comparar el Camp de Tarragona con Girona y las comarcas de su entorno. O la ciudad de Barcelona y el entorno metropolitano que sumados representan más de la mitad de la población. No hay una fractura pero si una distancia. No se expresa mediante la confrontación pero si por la desconfianza. No comparten lazos sentimentales pero sí relaciones funcionales desde posiciones desiguales. Los periféricos se sienten más o menos discriminados, los barceloneses strictu sensu sienten poco interés por los dos millones que les rodean. La predicción amenazadora que de vez en cuando anuncian desde la capital del Estado no es una realidad, tampoco es un espejismo. La dinámica con vocación “identitaria” del catalanismo independentista no pretende excluir a los ciudadanos de origen no catalán o descendientes de inmigrantes y que viven en áreas territoriales en donde predomina esta población. Pero el proceso independentista acelerado ha hecho que emerjan factores identitarios, como la lengua, el origen y el status social, que ponen en cuestión la integración plena de los ciudadanos de Catalunya en una nación compartida.

Mala cosa es afirmar “una identidad”, somos unos, sois los otros. Cuando unos colectivos proclaman su identidad forjada por los siglos y recuperada hoy, los otros recuperaran su identidad originaria. Ya sabemos que el cocodrilo no está debajo de la cama pero el que duerme encima está preocupado pues duda que la bestia sepa que no está. La identidad es un mito construido sobre mitos, entendido como relatos simbólicos. No tenemos una identidad, tenemos muchas, como tenemos roles sociales, ideas políticas y compormientos colectivos muy diversos. A Tony Judt le preguntaron una vez que pensaba de la identidad y respondió lacónicamente “es peligrosa”. Acentúa conflictos fuertemente emocionales a partir de elementos distintos pero compatibles. Se puede usar una lengua u otra, o las dos. Pero las identidades utilizan estas diferencias lo cual es debido a situaciones sociales y culturales en condiciones desiguales y cuando emergen en el escenario político son de peligroso manejo.

Barcelona y su entorno es una de estas situaciones. Otra similar es el Camp de Tarragona. El voto reciente fue indicativo. Sectores populares periféricos (algunos barrios barceloneses incluidos) cambiaron el voto social de izquierdas por el voto identitario conservador. Mientras que en la ciudad de Barcelona los sectores medios y altos votaron mayoritariamente independentismo. Hay que relativizar esta imagen pues una mayoría media y popular votó a los partidos catalanistas si sumamos al independentismo Catalunya si que pot. Y una parte importante de las elites catalanas votaron obviamente a los partidos conservadores españolista. Pero en política lo que parece es lo que cuenta y hay un imaginario que se apoya en elementos reales que puede distorsionar la realidad y acentuar confrontaciones que no interesan ni a Catalunya ni a España, ni a las derechas ni a las izquierdas. Hay una exigencia política de reconstruir el díalogo entre Catalunya y el Estado y lo que todos menos necesitamos son conflictos emocionales identitarios.

Hay ahora la oportunidad de promover una mayor integración entre Barcelona y el entorno metropolitano. Se ha utilizado por los medios y sobre todo por fuerzas políticas, la imagen de las clases medias y de origen y de lengua catalanas y las clases populares de origen y de lengua castellana. Se establece una oposición entre la Barcelona de Sarriá y el entorno metropolitano del Baix Llobregat. Algo similar a la que se hacía a inicios del siglo pasado entre la Barcelona del Eixample y La Torrassa y Collblanch de Hospitalet. Pero no solo hoy las distancias socio-económicas y culturales son mucho menores que en el pasado, también las sociedades urbanas de la ciudad central y de la periferia son ambas heterógeneas y los comportamientos políticos han sido hasta ahora mucho más estructurados por el eje derecha izquierda que por el eje identitario o lingüístico. La fisura que ahora aparece es superable.

Es el momento de volver a plantear la necesidad de una Barcelona metropolitana. No se trata de hacer desaparecer los actuales municipios pero sí de dar fuerza política y cultural a la ciudad metropolitana, la primera corona que comprende el Barcelonés y gran parte del Baix Llobregat principalmente. Una asamblea elegida (los municipios pueden ser la circunscripción) que no solo asuma las políticas y servicios que ahora ya son metropolitanos, también las estrategias socio-económicas, los grandes proyectos urbanos y la unificación de la fiscalidad local. Solo así se podrán plantear políticas coherentes y redistributivas. Con un alcalde y un gobierno metropolitanos que puede ser tanto del Eixample como de Santa Coloma, de Cornellá o de La Torrassa. Y no se trata de rebajar los municipios a los distritos sino acercar éstos a los municipios. Se trata de conseguir que todos sean no solo de su barrio y de su municipio, también que se sientan ciudadanos barceloneses. O como decía Joan Maragall, soy catalán porque soy primero del Empordà y de mi pueblo. Todos podrán decir somos catalanes porque somos de Barcelona.

Tiempos de confusión y de espera

Son tiempos de confusión y de incertidumbres. Hay agitación en el escenario político y judicial, no tanto en la calle pero si en los ánimos. Se vive en una tensa espera, por lo menos una parte importante de los catalanes, a ver si pasa algo, lo que sea. Se mezclan ilusiones y desilusiones, abatimiento y rabia, melancolía por lo que pudo ser y no fue, de cinismo y de chalaneo (a veces parece quetodos mienten, nadie se engaña.

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