Ganó la ciudad, con muchas luces y algunas sombras

Ganó la ciudad, con muchas luces y algunas sombras. Jordi Borja, julio 2017.

En 1983 la primavera presumía exuberancia. La ciudad aún tenía la marca de la grisura de los largos años del franquismo, los rastros de la pobreza en los barrios y en la calle, el abuso del urbanismo especulativo de los años sesenta e inicios de los 70, la movilidad del coche particular se comía el espacio colectivo. El periódo transitorio (1976) y las primeras elecciones municipales (1979) fueron importantes para la ciudad. En estos años el Ayuntamiento adquirió suelo que más tarde facilitó construir equipamientos y ampliar y mejorar el espacio público, se realizaron decenas de intervenciones de urgencia en las zonas más deficitarias, se desarrolló la actividad cultura y sobretodo se ordenó y cualificó la gestión administrativa y financiera. Las reivindicaciones populares fueron asumidas y fue entonces cuando se forjó el proyecto olímpico. Fueron 6 años que se hizo mucho y no se ha reconocido lo debido. La primavera del 83 se abría con una esperanza. La democracia parecía afirmada después del fracaso del intento de golpe de Estado, la economía empezaba a dar signos de reactividad y los presupuestos del Estado transfirieron recursos a las Comunidades autónomas t se hicieron cargo de las deudas acumuladas por los gobiernos locales.

En aquella primavera Pascual Maragall era el candidato a la alcaldía de Barcelona. Durante la campaña electoral se organizó un acto en la plaza Catalunya. El momento álgido, ya de noche, era la intervención de Maragall. Él suponía que habría centenares de personas, había miles de personas, mucho más allá de la militancia socialista. Más tarde me comentó “no sabía como responder a las expectativas de tanta gente” y se le ocurrió tomar el hilo del famoso discurso de Martin Luther King “he soñado un país…”. Maragall empezó “he soñado una ciudad…” y desgranó un programa. Abrir la ciudad al mar; regenerar el centro histórico, hacer los grandes proyectos que quedaron frustrados en el periódo republicano; actuar en todos los barrios deficitarios; hacer del Ensanche un lugar para vivir además de oficinas y comercios; priorizar los espacios públicos, espacios de ciudadanía; generar actividad y puestos de trabajo; etc, etc. Una frase que luego repitió otras veces y que cito de memoria “en la ciudad hay zonas iluminadas y zonas negras, no sé si podremos iluminar toda la ciudad por igual pero si que encenderemos muchas luces en cada zona oscura”. El programa de Maragall no era resultado ni de una persona, ni un grupo de expertos ni de un partido. Era el producto de un proceso ciudadano que se fue haciendo desde los años sesenta. Maragall fue un portavoz del conjunto de la ciudadanía y fue el lider ejecutor de promover bastantes de las esperanzas latentes.

En Madrid estuvimos Maragall y el que escribe en un encuentro en el Escorial con una asistencia de profesionales, políticos, empresarios y universitarios. Poco después de los JJ.OO. Nos preguntaron a ambos como pudieron hacer tantas cosas en tan pocos años. La respuesta fue idéntica “tuvimos muchos años pensándolo”, la dictadura fue larga. Pudimos explicarlo, no fue producto exclusivo de personas geniales, aunque las hubo como Maragall o Oriol Bohigas, que dejaron su huella por haber concretado las ideas y llevarlas a la práctica. Sin embargo los años 60 y 70 se dieron unos procesos sociales, culturales y políticos críticos y reivindicativos, se desarrollaron organizaciones legales e ilegales, se publicaron libros y artículos con denuncias y propuestas. Por descontado las comisiones de barrio que luego impulsaron las asociaciones vecinales con la FAVB al frente (federación de asociaciones de vecinos de Barcelona. Pero también y mucho los colegios profesionales (en especial Aparejadores, Arquitectos e Ingenieros, así como el de Abogado y más tarde los Economistas y los de Licenciados), algunos colectivos profesionales más implicados en los movimientos sociales como las trabajadoras sociales y los periodistas locales, bastantes parroquias de los barrios populares, algunas entidades ciudadanas como Amics de la Ciutat e incluso el Cercle d’Economía (pero no el Ateneu barcelonés ni el Barça, se despertaron más tarde). Hubo un consenso activo que se concretó entre las fuerzas políticas democráticas, los liderazgos sociales de los barrios y de la ciudad y los sectores intelectuales y profesionales con cultura ciudadana y progresista que se sintetizó en el Ajuntament de Barcelona y especialmente con la alcaldía de Maragall.

El proceso urbano (no “modelo”, una palabra que sirva para todo y para nada, confunde mucho y significa muy poco) de los años 80 hasta después de los JJ.OO. caminó por dos caminos interrelacionados: el programa gestado en los años 60 y 70, vinculado a la ciudadanía activa, y los proyectos transformadores que aparecen como posibles relacionados con la oportunidad de los Juegos. Los primeros 4 años de alcaldía de Maragall (1983-87) fueron de gran actividad urbanística sin contar con los JJ.OO. pues la candidatura no se consiguió hasta finales de 1986. Se ganó el premio del Príncipe de Gales por la calidad ciudadana y la estrategia integradora de los espacios públicos, el mismo año que se obtuvo la candidatura de los Juegos. Barcelona fue una realidad la frase tan antigua “la ciudad es la gente”. El slogan destinado al orgullo barcelonés fue “Barcelona más que nunca”, algo más que propaganda, mucha gente se identificaba con la frase. Después se utilizaron slogans parecidos pero menos convincentes. Aunque el slogan destinado a los grandes proyectos fue también muy pedagógico. “Hacemos la ciudad de 1993”.

El gran error en otros eventos fue cuando pretendían promover proyectos urbanos aparatosos sin tener pensado una propuesta integral de la ciudad, el fracaso está casi asegurado, el dispendio puede arruinar a las Administraciones públicas y solamente algunos actores privados se lucran de ello. Lo hecho será efímero, un cementerio de cemento, o palacios en el desierto o monumentos al despilfarro. El evento será exitoso para la ciudad sino se limita a una imagen aunque se mundialice, debe corresponder a lo que la ciudad necesita. La oportunidad no es únicamente la ocasión, como una lotería. Es poner la oportunidad al servicio de la ciudad. El programa que aparentemente imaginó espontáneamente en 1983 Maragall, pero fue un conjunto de ideas y propuestas coherentes y consensuadas, orientó los proyectos de los JJ.OO. Pero pensando en el después. La Villa Olímpica sirvió para enterrar el ferrocarril y facilitar y sanear el acceso a las playas que desde finales de los años 50 eran no usables. Fue una operación delicada pues había actores privados poderosos para desarrollar urbanización especulativa y lejos de la ciudad. La operación inmobiliaria frente al mar fue un gran acierto aunque faltó más ambición. Un conjunto pacato, el doble o más viviendas hubiera creado masa crítica para la vida ciudadana. Se creó un barrio de sectores medios, hubiera podido ser con más heterogeneidd social. Pero ha sido una palanca para un desarrollo urbano ordenador de una zona desestructurada a partir del frente de mar. “Se hizo ciudad” hacia el Besós, se inició la regeneración del tejido urbano y la actividad económica en el Poble Nou (proyecto 22@) y se crearon las condiciones para la estructuración urbana del este de la ciudad hacia el gran proyecto casi paralizado del proyecto Sagrera (300ha). Probablemente ha sido la operación más compleja, exitosa y duradera para la ciudad. Pero hubo mucho más.

Se reforzaron o se iniciaron nuevas centralidades próximas en los límites municipales y se establecieron equipamientos en el entorno metropolitano en la perspectiva de una ciudad metropolitana (Montjuic, el eje de la Granvia, el Valle de Hebrón y el citado eje del Besós). Se inició una ambiciosa regeneración del centro histórico, la ciudad que fue enmurallada, donde se concentra la diversidad y la monumentalidad, accesible para los de fuera con una población residente que garantiza su vitalidad (el boom turístico posterior pone en peligro esta centralidad integradora, pero esto es otra historia). El Ensanche se mantuvo el equilibrio entre actividades terciarias con habitantes pero las Rondas no resolvieron la contaminación generada por la movilidad de los autos (el tranvía es una apuesta importante). Se encendieron luces en los barrios populares y en algunos casos importantes se hizo ciudad de calidad en una de las zonas más marginadas y combativas, Nou Barris. Se realizaron o se proyectaron grandes equipamientos culturales y espacios públicos como el Macba, el CCCB, el Museo de Historia de Catalunya, la reconstrucción del Museo de la República y el Pabellón de Mies van der Rohe, el parque de Nou Barris, etc y también equipamientos medianos en los barrios incluidos decenas de centros deportivos. Se instalaron elementos icónicos que daban significados y referencias. Casi sin darse cuenta la ciudad se convirtió en un lugar de gran atracción turística y de inversionistas. Un exceso de éxito.

Pero no todo fueron aciertos y triunfos. La vivienda fue el tema olvidado y no se gestionó el suelo para ello, aunque sí para equipamientos y espacios públicos. La oferta de viviendas sociales y de protección oficial fue mínima. Se mejoró la movilidad para los coches pero no para el transporte público, especialmente respecto a la relación ciudad central-entorno metropolitano. No se tuvo en cuenta la sostenibilidad, la contaminación, el despilfarro de energía, el calentamiento climático. La disolución de la Corporación metropolitana no permitió desarrollar el indispensable gobierno plurimunicipal tanto por razones de sostenibilidad, de coherencia y de justicia distributiva. El gobierno de la ciudad quizás pudo hacer más pero hay que tener en cuenta que los intereses partidistas, el gobierno autonómico y el del Estado no dieron facilidades, más bien lo contrario.

Quizás la principal crítica fue el no prever los efectos perversos de las actuaciones exitosas. Si en los años 80 la inversión inmobiliaria y en especulación del suelo creció muy lentamente en los 90 se aceleró casi incontrolable. El Ayuntamiento desarrolló la ciudad hacia a dentro pero no podía continuar su actividad al mismo ritmo y tampoco el mantener todo lo hecho. Se multiplicaron los precios de la vivienda y del suelo, la población beneficiada por la cualificación de los espacios y equipamientos difícilmente resistía a la presión del entorno mercantilizado, muchos jóvenes no podían ir a vivir en la ciudad regenerada de sus padres, los comercios cotidianos no podían competir ni con los precios ni con la fuerza de los comercios para sectores más altos y por el turismo. No hubo una gestión del suelo y de la vivienda previsora para reducir el boom inmobiliario y turístico y para posibilitar la permanencia en la ciudad para los sectores populares e incluso medios. Lo que se hizo para éstos sectores el mercado especulativo ha tendido a desposeer gradualmente a una parte de esta población. Creo que resulta muy exagerado considerar un periódo fantástico, todo pan y rosas, la década de los 80 y primeros años 90 y una segunda parte negativa, todo al servicio del lucro de una minoría y la expulsión masiva de los sectores populares. Hubo de todo en cada periódo, aunque si en el primero se hizo principalmente ciudad para los ciudadanos y en la segunda la fuerza del capital en muchos aspectos impuso sus intereses particulares e inmediatos.

Barcelona había ganado la guerra civil. Se recuperó la inspiración de Cerdà y las ideas y proyectos del Gatcpac, de Le Corbusier y de Sert y Torres Clavé (exiliado uno y muerto en el frente el otro). Se hizo justicia espacial y calidad de ciudad. Una ciudad creativa y atractiva, capital que lidera la nación catalana y que se ha posicionado en el mundo.

Versión reducida publicada en El País

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