El comunismo soviético y el dilema de los partidos comunistas

[versión català]

El comunismo soviético y el dilema de los partidos comunistas. Jordi Borja, Barcelona 2017 1

Nada se ha perdido si asumimos primero que todo se ha perdido” Julio Cortázar

1.El silencio de los comunistas
“Ahora que ya no hay comunismo, o solo residual, el anticomunismo continúa activo. Se critica y se denuncia el comunismo y a supuestos comunistas… Sin embargo los partidos que los han sucedido o sus dirigentes o sus intelectuales mantienen silencio, no analizan lo que fue y lo que pasó, sus éxitos y sus fracasos, sus compromisos vergonzantes (con la URSS) y la dignidad y el heroísmo de sus militantes”2. Así interpeló a a dos destacados políticos e intelectuales del PCI, Alfredo Reichlin y Miriam Mafai, el intelectual y sindicalista Vittorio Foa. Un silencio que te enfrenta con la nada.

La obra de Marx es a la vez una excepcional interpretación crítica de la sociedad industrial capitalista y una imprecisa utopia escatológica, el comunismo. Hay que reconocer que Marx, muy apegado a la realidad del presente, no fue un “socialista utópico”. No fue muy lejos en sus previsiones teleológica, solamente apuntó un proceso de democratización de la economía y de las relaciones sociales. Se fundaba en el progreso acelerado de los países más industrializados y en el Estado liberal que hacía posible el conflicto social en el ámbito político. Sin embargo la revolución rusa explotó en un Estado autocrático y en descomposición, una sociedad poco industrializada, una burguesía moderna casi inexistente y una clase obrera muy minoritaria y una inmensa clase campesina que sufría de facto relaciones de servidumbre. Hubiera podido ser una revolución democrática “a la francesa” si probablemente Lenin y Bujarin hubieran liderado el partido (aunque tengo bastantes dudas respecto a Lenin). Sin embargo el izquierdismo mesiánico bolchevique y el autoritarismo violento de Stalin promovieron una “revolución industrial” con altos costes sociales que fue un relativo éxito económico expresado por la industrialización pesada y la urbanización acelerada. Sin embargo hubo un alto coste político, no solo por el carácter totalitario del Estado, también por la deslegitimación gradual de la esperanza comunista en todo el mundo. Lo que fue un “Estado de excepción” se convirtió en un sistema estructural que derivó en un fantasma terrorífico. El fin del sistema soviético ha sido el final, por lo menos por ahora, del ideal comunista. 3

Los partidos comunistas europeos nacieron con la revolución rusa pero también con los efectos de la aberrante primera guerra mundial (1914-18) y la consiguiente crisis social y política en casi toda Europa. Las clases trabajadoras fueron inmoladas en una guerra entre potencias con ambiciones imperialistas confrontadas. “Fue una guerra entre ricos que mandaron a los pobres que se mataran entre ellos” dijo Paul Valéry, poco sospechoso de radical.4

En Rusia los bolcheviques liderados por Lenin lanzaron la consigna “paz, pan y tierra” y las masas de soldados y de campesinos se convirtieron en insurrectos. A la vez que el Estado zarista se desmoronaba. Los partidos demócratas, socialistas agrarios y mencheviques eran reticentes a romper con las potencias aliadas y optaban por una democracia parlamentaria. No fue un golpe de Estado5 si se entiende como una conspiración palatina o de una organización mafiosa. Fue un “asalto a los cielos” 6 que triunfó por un amplio apoyo popular.

La ruptura con la II Internacional (socialista) por parte de los partidos comunistas (pp.cc.) por su “traición” ante la guerra, por el rechazo al asalto al poder de los bolcheviques y por el menosprecio a la “democracia burguesa”.7 se apoyaron en sector el sector más radicalizado de la clase obrera y aportaron un ideal revolucionario que aparecía posible, el ejemplo ruso. Pero se menospreció el poder de los Estados europeos y sus instituciones y la integración en ellas de los partidos y sindicatos socialdemócratas. La fracasada “revolución alemana” (1918-19) fue el trágico error de unos y otros, la insurrección revolucionaria de los comunistas8 y la represión por parte de los dirigentes socialdemócratas.9 Fue una lección aprendida. Los pp.cc. se convirtieron en “tribunos de la plebe”10 y en algunos países con una fuerte capacidad de defender los intereses inmediatos de las clases trabajadoras y de los derechos democráticos (Francia e Italia, y también España) y por otra parte fueron los portadores de una revolución futura que asaltaría el poder y transformaría radicalmente la sociedad.

En consecuencia la matriz soviética del comunismo marcó los partidos comunistas europeos y los llevó a gestionar una dificilísima ambivalencia. Se identificaron con la URSS y con los intereses nacionales, intentaron justificar el sistema político totalitario y a la vez aceptaban la democracia liberal, fueron partidos legalistas en el Estado de derecho y a la vez incluían en sus discursos y programas el “gran día de la revolución” que nunca fue. Desde l917 hasta los años sesenta, incluso muerto Stalin (1953) y denunciado por Kruschev en el XX Congreso (1956), fueron incondicionales de la Unión Soviética.11 “No había que desesperar a Billancourt” dijo Sartre.12 Y al mismo tiempo asumieron la democracia pluralista, defendieron las libertades políticas y nacionales13. Fueron demócratas más en la práctica que en la teoría. Pero los gobiernos y los otros partidos, apoyados por gran parte de los medios de comunicación, los consideraban interesadamente sospechosos para una gran parte de la ciudadanía lo cual les hizo casi imposible acceder a los gobiernos estatales. Los costes de las ambivalencias y las frecuentes disidencias, expulsiones y escisiones, unos por la via democràtica pluralista y otros por la via revolucionaria insurreccional. Los partidos comunistas europeos quedaron identificados en el escenario de la política y en el imaginario (positivo o negativo) de la sociedad con el sistema soviético. La matriz comunista de la URSS los marcó de forma indeleble.14 Cuando se derrumbó la URSS era extremadamente difícil para los pp.cc. tan ligados durante décadas a la IC mantenerse como tales. Su “naturaleza” lo hacía casi imposible. Los silencios de los pp.cc. han sido casi nulos en tanto que organización (otra cosa es la reflexión de algunos dirigentes o exdirigentes e intelectuales más o menos orgánicos)
2¿Pero cómo se forjó este comunismo, el soviético, que tiene muy poco en común con Marx y Engels y la cultura propia de los movimientos socialistas y populares europeos?
La revolución rusa no tenía precedentes. En Francia las izquierdas identificaron en los primeros años la revolución francesa en el período jacobino liderado por Robespierre (1791-95)15 y en menor grado los breves meses de la Commune (1871). Pero era suficiente comparar los grandes “derechos humanos” de 1789 proclamados por la Asamblea Nacional, con los derechos establecidos por la Constitución de 1791. Los primeros eran declarados “derechos universales” para toda la humanidad. Los segundos eran los derechos propios de los ciudadanos: “la libertad, la propiedad, la seguridad y el derecho a resistir a la opresión”. La revolución francesa de facto evolucionó hacia el capitalismo y las libertades individuales atenuado en distintos períodos por la cultura republicana. En Francia se construyó una sociedad de clases sociales, unas dominantes y otras más o menos sometidas. La revolución rusa evolucionó hacia un modelo opuesto, pretendía establecer una sociedad homogénea pero mediante un Estado tiránico. O por lo menos así fue a partir de 1929, cuando Stalin concentró todo el poder.

De la revolución liberal a la toma del poder de soldados, obreros y, sobretodo campesinos. La revolución de febrero fue un movimiento de soviets (consejos)16 de soldados y trabajadores que permitió a demócratas-liberales, socialrevolucionarios (agrarios) y mencheviques subirse a la ola. Mantuvieron al zar, aunque con menos poder, y tampoco se atrevieron a retirarse de la guerra. Tampoco tomaron medidas de carácter social como pedían los soviets, especialmente para los campesinos. Lenin llega a Rusia y presenta poco después las tesis de abril. Los bolcheviques presentan su programa a los soviets, con mayoría menchevique. Las consignas son paz, pan y tierra y gradualmente conquistan los soviets en Petrogrado y Moscou. La revolución de octubre no es una revolución socialista, es una revolución democrática que reconociera los derechos y las necesidades de las clases populares. Los liberales se retiraron, los socialrevolucionarios y los mencheviques dudaban y criticaban, los bolcheviques hegemonizaron los soviets y se instalaron en un poder que había quedado vacío. Lenin, obviamente, no quería un Estado concentrado en un gobierno y un parlamento sino un gobierno emanado de los soviets, heterogéneos pero representativos de las clases populares.

Ante las resistencias de los otros partidos la Douma (parlamento) fue disuelta provisionalmente. Se trata de un “gobierno de excepción”. Esta disolución aparece como el inicio de una dictadura y las critícas no proceden únicamente de los adversarios de los otros partidos, también de dos líderes, Julij Martov y Rosa Luxenburg muy apreciados por Lenin. Martov, el menchevique más abierto hacia los bolcheviques, elabora una crítica molt aguda del “jabocinismo revolucionario” y usa la expresión de “dictadura sobre el proletariado”17. Rosa Luxenburg considera que la existencia y la influencia política de los soviets debe ser complementaria del parlamento pluralista elegido por sufragio universal. Pero pronto seguirán la disolución de los partidos y el control por parte del gobierno bolchevique de los soviets.

El acoso internacional y la guerra civil forzaron (o facilitaron) la evolución hacia un sistema autoritario. La responsabilidad de las potencias aliadas (Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Japón y Estados centroeuropeos, etc) iniciaron el cerco militar, político, económico y mediático. Los “rusos blancos “ iniciaron una cruenta guerra (1918-22). Se instaló el “comunismo de guerra” y dio ocasión a construir un “Estado socialista”. Se habla de más de 7 millones de muertos y unos centenares de miles, quizás más de un millón de campesinos, murieron por una hambruna. Hubo un divorcio entre el campo y el gobierno soviético pues se forzaba a los campesinos a entregar las cosechas para mantener los ejércitos. Se desarrolló un gran aparato centralizado, político y militar, que creó las bases de un Estado que rompía las reglas democráticas más elementales. Los opositores o críticos eran reprimidos, primero los dirigentes y militantes de los otros partidos que fueron prohibidos, luego los protagonistas de protestas y resistencias sociales, más adelante los disidentes comunistas una vez muerto Lenin en 1924. De la represión civil y encarcelamientos se pasaron rápidamente a las deportaciones masivas, a los campos de concentración y a los fusilamientos.18

La “revolución democrática” que propugnaba Lenin y otros dirigentes comunistas, entre ellos Bujarin considerado el delfín de Lenin), eran partidarios y de un “capitalismo popular” y pretendían mantener la propiedad campesina y gran parte de la industria y del comercio. El “comunismo de guerra” fue la consecuencia de la intervención internacional. El Estado asumió directamente el conjunto de la economía, excepto la agricultura. La NEP, diseñada en 1921, por Lenin y Bujarin principalmente, pretendía desarrollar la pequeña y mediana propiedad agrícola. A partir de la desaparición de Lenin y el fin de la guerra civil Stalin y una parte del núcleo dirigente desconfiaba del campesinado y optaron por promover una industrialización forzosa. La NEP se fue debilitando hasta desaparecer en 1928. Se inició la revolución industrial y la urbanización acelerada a partir de los inicios de la década siguiente. La dialéctica entre fracasos y represiones murieron centenares de miles trabajadores y el gran parte del campesinado se arruinó. El “Estado socialista” sin embargo promovió la revolución industrial con altos costes sociales, como ocurrió un siglo antes en Inglaterra.

¿Era posible convertir el Estado zarista en Estado socialista? ¿Era viable un país económica y culturalmente atrasado, una gran mayoría campesinado y sometido a los grandes propietarios y los agentes de las autoridades y convertirlo en un país socialista? Los dirigentes bolcheviques, con Lenin al frente, afirmaban que haría falta un largo proceso de transición pero las circunstancias les llevaron a tomar un atajo que ellos mismos no habían previsto. Las advertencias y las críticas por parte de los mencheviques, como Plejanov, el marxista ruso más prestigioso, fueron muy contundentes. Éste consideraba que la clase obrera no estaba en condiciones de ejercer el poder político, preconizaban una revolución democrática-burguesa con el apoyo y participación del movimiento obrero. Martov 19consideraba el leninismo contrario al marxismo, aceptaba un bloque de izquierdas incluyendo los bolcheviques pero el “marxismo oriental” debía ser combatido en todas partes. Aksel’rod, el socialdemócrata ortodoxo anunciaba que si monopolizaban el poder sería “un delito histórico contra el mismo proletariado” y consideraba la revolución de octubre s había hecho con “métodos conspirativos “ y tenía “carácter contrarrevolucionario”. Era obvio que Marx y Engels entendían la construcción del socialismo sobre una base de “la gran mayoría” (según Engels) y de un gran desarrollo económico, incluso consideraban Rusia como un país que tardaría mucho tiempo para plantearse el socialismo (según Marx). Los marxistas europeos como Bernstein y Kautsky se expresaron en la línea de Marx y Engels, muy escépticos sobre “el socialismo en un solo país”. Más flexible y realista fue Otto Bauer, el austromarxista, que “en un pais atrasado como Rusia la toma del poder por parte de los bolcheviques era aceptable”.

El destino de la revolución de octubre se forjó entre la muerte de de Lenin y el poder autocrático de Stalin a partir de finales de los años 20. Se había forjado un Estado centralista y autoritario, burocràtico y dominante en todas las esferas económicas, sociales y culturales, sin libertades políticas ni elecciones pluralistas. Si Lenin no hubiera muerto y Trotsky desterrado Bujarín no pudo sucederle probablemente la evolución política y económica hubiera sido muy distinta.20 Sin embargo la guerra civil, el asedio internacional, la necesidad de promover una acumulación de capital para desarrollar el país, la gestión del campesinado desde un aparato estatal enraizado en el mundo rural y la brutalidad presente en la cultura política, ni Lenin, ni Trotsky ni Bujarin difícilmente hubieran podido torcer el camino que luego siguió, aunque sin los excesos paranoicos y criminales de Stalin.

Utopía y terror.21 La fuerza del sistema soviético que se consolidó a finales de los años 20 hasta la “gran guerra patria” (1941-45) no solo por el terror por medio de los aparatos estatales, también por la revolución de octubre y su mensaje de esperanza para los pueblos de todo el mundo. La década de los 30 no fue solo de terror, también de la transformación social y económica, el país se industrializó y se urbanizó, apoyó (y utilizó) a los partidos comunistas de todo el mundo, difundió la imagen esperanzadora de que había una alternativa igualitaria al capitalismo y presionó a los gobiernos occidentales para que hicieran concesiones a los trabajadores. Fue la Internacional Comunista la que promovió las políticas “frentepopulistas”, aunque anteriormente había considerado a los socialistas como “socialfascistas” (y algo parecido a los anarquistas). Pero al mismo tiempo el terror llegó al cenit con los Procesos de Moscou (1936-38): los que fueron principales dirigentes del partido, los que protagonizaron la revolución de octubre, fueron juzgados y fusilados.22 O asesinados en algunos casos, si estan fuera de la URSS, el más escandaloso el de Trotsky.

3. Los partidos comunistas entre la matriz comunista soviética y su inserción en los países capitalistas desarrollados y en el marco de los Estados liberales.

La URSS y la Internacional Comunista recogió el estandarte universalista que tuvo un siglo antes la revolución francesa. Era imposible desconocer la involución democrática que se produjo en la URSS desde la revolución de octubre. Fue una gesta audaz y en los años siguientes, hasta finales de los años 20, se alternaron iniciativas revolucionarias en todos las políticas públicas con un creciente autoritarismo burocràtico que derivó en terrorismo de Estado. Sin embargo importantes sectores europeos y del resto del mundo, de las izquierdas, del movimiento obrero y de la intelctualidad, no solamente celebraron la revolución de octubre también la “construcción del socialismo” como faro que guiaba una parte importante de los movimientos revolucionarios. Las razones eran muy diversas y fáciles de entender. En nombre del marxismo-leninismo se creó una doctrina que legitimaba la política soviética en nombre de Marx y Lenin. La transformación social, económica y cultural aparecía como una tarea prometeica que anunciaba una sociedad nueva y justa.

Los países capitalistas no solo eran promotores de guerra, la economía generaba crisis que pagaban las clases populares, tendía a una “crisis general” que abriría las puertas a la revolución socialista y y mientras tanto imponía la dictadura económica y social a las clases trabajadoras y mantenía a los trabajadores en lucha permanente. La existencia de la URSS contribuyó a los progresos sociales en Occidente como ocurrió con los frentes populares, el New Deal de EE.UU. y la influencia que adquirió el laborismo en Inglaterra en la década de los años 30. Los partidos comunistas occidentales se consideraban hijos de la revolución del 17 y de los éxitos soviéticos. La revolución rusa aparecía como la esperanza de los desesperados, “les lendemains qui chantent”, el cielo posible en la tierra.23 Las clases trabajadoras, o una importante sector de ellas, encontraron una doctrina cohesiondora, un ideal movilizador, un modelo real “prêt à porter”, una guía o referencia para la acción y una promesa futura real y posible. “Era cuando aún había futuro”. 24
El doble discurso de los partidos comunistas europeos25. Los PP.CC. eran hijos de la revolución de octubre y en vez de bautismo (o registro civil) recibieron el sello que imponía la Internacional Comunista. Sus militantes asumían el doble patriotismo ya citado: patriotas de su país y de la URSS.

Sus dirigentes estaban “asesorados”, guiados y controlados, por delegados de la Internacional Comunista. La independencia de los PP.CC. era relativa en su país, en unos casos era beneficioso, en otros todo lo contrario, por errores y desconocimientos o por sumisión a los intereses diplomáticos de la URSS. La crítica a la URSS era impensable, por lo menos hasta los años 60, a menos de que no fuera vinculada a la expulsión o renunciar al partido. Los PP.CC. asumieron el catecismo marxista-leninista que incluía “la dictadura del proletariado”, entendida por parte del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética)26como instrumento fundamental de construcción del socialismo. Sin embargo los partidos europeos o bien luchaban por la democracia política o bien la defendían, asumían obviamente el sufragio universal, las elecciones pluralistas, los gobiernos responsables ante los parlamentos, el Estado de derecho que garantizase los derechos políticos y sociales de toda la ciudadanía, el derecho a la propiedad, el patriotismo nacional, etc. Pero no eran “confiables”, en parte por su doble discurso y sobretodo porque la derecha (y a veces los socialistas) lo utilizaban para mantenerlos en los márgenes del poder.

Los comunistas europeos fueron defensores de la democracia y de los avances sociales. Estuvieron en primera línea contra el fascismo y por la democracia “tout court”, lideraron la resistencia en Francia e Italia frente a la ocupación nazi, protagonizaron la lucha antifranquista en España, no tuvieron tentaciones putchistas.27 Sin embargo en sus programas y sus discursos a los militantes presentaban la otra cara de la moneda: la revolución y la toma del poder, la dictadura del proletariado, la supresión de los partidos “burgueses”, el rechazo de la alternancia pues sería retornar al capitalismo. Éste discurso también son hechos, actos y amenazas, facilitaron la deslegitimación de los pp.cc., lo cual les permitió ilegalizarlos o si eran fuertes, arraigados en la sociedad y en las instituciones se les consideraba como no confiables para gobernar el país. Este discurso en cambio legitimaba a la URSS y más tarde los Estados del bloque soviéticos. También asi los pp.cc. se autojustificaban del doble discurso, asumían la democracia política para resistir en las mejores condiciones posibles en el marco institucional y por otra parte mantenían en el horizonte la “crisis general” y la toma del poder. En realidad esta dualidad servía para evitar la crítica al sistema político soviético, lo cual hubiera sido inaceptable por parte del PCUS y de la Internacional o sus prolongaciones después de 1945, pero también para gran parte de la militancia que veían en la URSS su esperanza y su guía. Lo cual llevó a los PP.CC. europeos a ser partidos tribunicios, resistentes en en defender o mejorar política sociales, limitados a los gobiernos locales y si consiguen promover reformas socio-económicas o políticas que serán absorbidas y pervertidas por las fuerzas políticas y sociales dominantes.28

Se puede morir de contradicciones no resueltas. Los partidos comunistas europeos nacieron de la Revolución de Octubre, se construyeron como partidos por medio de la Internacional Comunista dirigida por el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), se desarrollaron como organizaciones combativas pero también como defensores a ultranza de las políticas soviéticas, hicieron de las doctrinas marxistas-leninistas su base teórica, soñaban el “gran día” de la revolución futura que nunca llegaba y confundían su discurso ideal con la dura realidad de la URSS. Fueron demócratas en la práctica pero defendían a la URSS y en sus discursos proclamaban que en un futuro llegaría la dictadura del proletariado. Luchaban por los avances sociales pero si oponían resistencia, como correspondía, se les tachaba de violentos o de terroristas. Eran favorables a amplias alianzas políticas pero en la mayoría de las veces se les marginaba o excluía. Sus militantes eran luchadores democráticos pero soñaban con una URSS ideal que nunca existió. Estos partidos vivían en un amasijo de contradicciones. Por una parte atados por el cordón umbilical con la URSS y con el esquema dual del catecismo marxista-leninista. Por otra integrados en una sociedad heterogénea que no corresponde a una dualidad abstracta y en un sistema político de derechos y libertades relativamente limitados pero con un potencial de desarrollo democrático a todos los niveles políticos, sociales, económicos y culturales. Ni la URSS podía progresar en el marco de la estrechez burocrática y represiva, ni los partidos comunistas europeos y occidentales podían liderar una mayoría social con todo el lastre de sus contradicciones.

4. ¿Podían los partidos comunistas reinventarse?
Los PP.CC. que eran fuertes se mantuvieron fuertes cuando se alejaron del PCUS. A partir de los años 60 los lazos con el bloque soviético se fueron distendiendo. Unos años antes Kruschev lanzó el órdago en el XX Congreso del PCUS que desmitificó a Stalin pero no mucho al stalinismo. Se criticaron los “excesos” pero no el sistema. Los Partidos comunistas occidentales recibieron este golpe al pasado con más miedos que esperanzas. Habían vivido de una imagen que se desdibujaba, el paraíso tenía aspectos más bien propios del infierno. Pero algunos líderes, como Togliatti, vieron la oportunidad de renovar la imagen del partido y superar la dualidad entre democracia versus socialismo. En el octavo Congreso del PCI formuló “la via italiana al socialismo”.29 En los países occidentales una gran parte de la militancia se resistía a creérselo, otros al contrario confirmaron sus sospechas y dejaron el partido desengañados o se mantuvieron en el partido con más escepticismo que ilusión. “Je les ai cru, je les ai cru…” se lamentaba el poeta Aragon (yo los he creído…). Unos años después Kruschev fue destituido y el posible proceso democratizador que había avanzado muy poco quedó congelado por el siniestro personaje Brejnev y el ideólogo Suslov. Togliatti poco antes de morir escribió un documento en Yalta (1964) que se convirtió en testamento. Hasta entonces planteaba una política y una doctrina específica para Italia e implícitamente para los países europeos occidentales. En el Memorial de Yalta propone un comunismo policéntrico, es decir considera de facto el fin del movimiento comunista internacional. La China ya se había divorciado de la URSS.

Sin embargo los PP.CC. europeos continuaban siendo “los patos feos” de las democracias capitalistas. En parte porque estos partidos no habían superado en su conjunto su carácter dual, la aceptación de la democracia pero sin renunciar a un momento revolucionario que cambiaría las reglas del juego.30Y en parte también porque los intereses políticos de los otros partidos y de los poderes económicos y mediáticos deseaban tener a los comunistas a cierta distancia del poder. Apareció el eurocomunismo por iniciativa de nuevo del PCI. Y con Belringuer llegó a su cenit. Fue a partir del golpe de Estado de Chile (1973). La propuesta de Berlinguer, “el compromiso histórico”, consideraba que un proceso de cambio socializante suponía un apoyo mayoritario y pluralista, que no fue el caso de Chile. Berlinguer y Carrillo, es decir el PCI y el PCE, explicitaron claramente la vocación democrática sin renunciar a la transformación social y económica. EL PC francés se añadió al “eurocomunismo” no sin bastantes reticencias y escaso entusiamo. La URSS existía, los PP.CC. europeos se habían ido alejando ya desde la invasión de Checoeslovaquia (1968) y más claramente cuando la URSS ocupa Afganistán i se da el golpe de Estado apoyado por la URSS en Polonia (1981), aunque es posible que los militares polacos se adelantaran a los rusos para evitar la ocupación. El bloque soviético empezó a romperse, Cheoceslovaquia, Alemania del Este, los paises bálticos. se tambaleaba hasta desmoronarse y fragmentarse hasta el infinito (1989). El ogro ni era tan filantrópico como decía ser ni tan poderoso como aparentaba serlo.

El eurocomunismo, cuando hubiera debido emergiendo con fuerza en el escenario político, se diluyó. Berlinguer murió en 1984. El PCI cambió primero de nombre y luego de naturaleza. Se desencarnó y lo que quedó se fusionó con fragmentos de la DC y de grupos varios. Y se convirtió en un partido estrictamente electoralista y socioliberal. Dejó de ser un partido sin futuro, un gran aparato integrado en las instituciones para sobrevivir. El PCE tuvo una debacle electoral (1982), Carrillo renunció y el PCE intentó volver a las esencias del pasado y olvidó el eurocomunismo. También se metarfoseó en Izquierda Unida con residuos del izquierdismo. Afortunadamente nacieron generaciones jóvenes que renovaron la política y que conectan, quizás sin saberlo, con lo mejor del PCE de los años 60 y 70. El PCF quiso mantenerse con sus siglas y su estilo, gradualmente pasó de los 20 a 25 % de votos hasta bajar incluso por debajo del 5%. Sobrevive con nostalgia acariciando su progresiva fosilización. La disolución de la URSS y el derrumbe del comunismo soviético y de sus satélites fueron la última puñalada. Los partidos comunistas no pudieron o no supieron renovarse y renacer en todas las dimensiones. Habían construido mimbres suficientes para articular movimientos y organizaciones sociales, participación en las instituciones políticas, capital intelectual potente, memoria histórica reconocida por su lucha social y nacional y por su adhesión a la democracia y rechazo explícito del modelo soviético. Pero no consiguieron armar un partido, renovado en sus ideas, organización y lenguaje, para la mayoría con propuestas de futuro y nuevos ideales. Hoy son ilustres y gloriosos fantasmas del tiempo pasado y no volverá.

La no reinvención de los partidos comunistas. Una anécdota personal. Cuando era aún reciente su paso a la reserva, sin cargos ni militancia política, cené con Santiago Carrillo. Con mucha tranquilidad y con una fría racionalidad me expuso el fin de los partidos comunistas. Tres argumentos. Uno: el fin de la sociedad industrial clásica del siglo XIX y de la clase obrera organizada en grandes empresas de producción, base principal de los PCs. Dos: el derrumbe de la URSS y el fracaso del “comunismo real”. Tres: el modelo de partido organizado para conquistar el poder a la espera de la crisis general del capitalismo y de la descomposición del Estado burgués. Un análisis claro, convincente y de sentido común. Pero él tampoco tenía respuesta a la pregunta ¿cómo reinventarse? Berlinguer nuevamente apuntó un inicio de reinvención, “la cuestión moral”.31 Proclama con rotundidad “los partidos políticos hoy son ante todo máquinas de poder y de clientela…los partidos han degenerado y esto es el origen de nuestros males… la cuestión moral hoy en Italia, para nosotros los comunistas debemos denunciar la ocupación del Estado por parte de los partidos”. Denuncia a la Democracia Cristiana y rompe cualquier alianza con ella, se acabó “el compromiso histórico”. Propone que la función de los partidos es estar en el Parlamento pero no en todo lo que es Estado o para-estado. Las organizaciones sociales o culturales, las cooperativas, los sindicatos, etc pueden asumir funciones de propiedad o gestión de aquellos sectores de la producción o de los servicios de interés para todos los ciudadanos.32 Evidentemente su partido, o por lo menos gran parte de sus dirigentes y de sus cuadros no estaban por estas invenciones. Simplemente se instalaron en las instituciones para sobrevivir y sin la escandalosa corrupción de otros partidos. El fracaso de Berlinguer fue el último intento de reinventar el comunismo democrático.

El comunismo no sobrevivió porque no renovó su base teórica, su proyecto político y su organización. Ni más ni menos. Marx y Engels son indispensables para entender el mundo de los siglos XIX y XX, pero no son suficientes como sustrato teórico. Menos aún en el siglo XXI. El comunismo puede renacer pero ni será “marxista” ni se llamará probablemente comunismo pues el comunismo soviético lo pervirtió y los partidos comunistas quedaron marcados por la matriz de la que nacieron. El horizonte político no puede depender de un gran momento de ruptura, el salto del capitalismo al socialismo, sino el cambio es un proceso constante de democratización de la democracia, a todos los niveles, política, economía, cultura, comunicación, organización social. La forma partido centralizado, jerárquico, casi militarizado corresponde al modelo de la fábrica y de la condición obrera. La nueva sociedad requiere descentralización, difusión en el territorio, diversidad de iniciativas y formas de acción. El elemento cohesionador no es un ideal cuasi religioso, otro mundo, sino la moral de cada día, la justicia, la compasión, la fraternidad y evidentemente la libertad individual y colectiva y la igualdad en el género, en el trabajo, en el territorio, en la cultura.

Pudo haber sido un comunismo del siglo XXI, el derrumbe del comunismo del siglo XX no lo hizo posible. Pero nos queda la revolución de octubre, la audacia de un partido que quiso ante todo la paz, el pan, la tierra y el reconocimiento de los consejos de los trabajadores. Y la esperanza para los oprimidos del mundo, pareció que el ideal se hacía real. El comunismo real, con todas sus lacras, contribuyó mucho en civilizar la sociedad capitalista occidental y en introducir elementos democratizadores en la política y en el trabajo. Y forjó millones de militantes en Europa que dieron una gran parte de su vida por un ideal que fue también una lucha diaria por la dignidad del trabajo, el valor de la igualdad y las libertades para todos.

Nada se ha perdido si asumimos que todo se perdió. O quizás no.33

Nota sobre el autor Jordi Borja, nacido en Barcelona en 1941. Ingresa en la Facultad de Dercho de la Universidad de Barcelona en 1958. Ingresa en el PSUC (PC de Catalunya) en 1960. Debe exiliarse en Franca. Estudios de Sociología, Geografía Humana y Urbanismo (licenciado, postgrado, master y curso de doctorado). Regresa a finales de 1968 a Barcelona. Profesor de Sociología y de Geografía Urbana en la Universidad. Doctor en Geografía Urbana. Fundador de Bandera Roja y del CEUMT. Reingresa en el PSUC en 1974. Miembro de la dirección del PSUC y del Comité Central del PCE. Dirige el frente de “Movimiento Popular y Política Municipal. Miembro del Gobierno de Barcelona (1983-95). En los 80 abandona gradualmente en el partido. En los últimos 20 años se ha dedicado a la Universidad, la actividad profesional y escribe principalmente libros y articulos de temas urbanos como La Ciudad conquistada y Revolución urbana y derechos ciudadanos (Alianza Editorial) y recientemente Ciudades para cambiar la vida (editado en América latina a finales de 2016 y en proceso de edición en España). Ha trabajado como profesional y académico en América latina, Estados Unidos, Francia, etc. Es profesor emérito de la Universitat Oberta de Catalunya. Actualmente forma parte del Colectivo que impulsa la Confluencia de las izquierdas de Catalunya: Barcelona En Comú, Iniciativa per Catalunya i Ezquerra Unida (los sucesores del PSUC), Podem, EQUO y otros colectivos.
El autor ha tratado la temàtica del comunismo a lo largo de varias décadas. Citaremos tres contribuciones relativamente extensas: Socialistas y comunistas en Europa occidental en el libro colectivo Perspectivas sociales y políticas, Siglo XXI, 1985; Los comunistas y la democracia en la revista Viejo Topo (nº 277, 2011); y El PSUC més que un partit (publicado en las revistas Nous Horitzons y en L’Avenç, 2016

Notas

1 El texto que sigue ha sido redactado a partir de un extenso guión para la conferencia del ciclo sobre la Revolución de octubre 2016 en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)y organizada por una Comisión ad hoc con el apoyo de diversas fundaciones y asociaciones así como la Filmoteca de Catalunya y la Universidad de Barcelona y la UAB.

2 V.Foa, M.Mafai y A.Reichlin, Il silenzio dei comunisti, Einaudi, 2002. La cita sintetiza el inicio del libro.

3 Ver Kart Schologel, Terror y utopía, Moscou 1937. El Acantilado, 2014

4 Paul Valéry (1871-1945), poeta y ensayista, representante e la “poesía pura”, enterrado en el “Cimetière marin” (Sète, cuciudad natal), título de su libro más conocido. Se lo puede enfrentar a Georges Brassens, poeta y cantautor para nada puro y quiso ser enterrado al cementerio público para no compartirlo con Valéry.

5 Aunque el historiador conservador polaco-norteamericano Richard Pipes, autor de La Revolución rusa (1990)..

6 Así calificó Marx la Commune de Paris (1871), ver su obra “La guerra de clases”.

7 A inicios del siglo XX los derechos políticos y socialesen Europa y Estados Unidos eran limitados, de iure o de facto: elecciones falseadas, no derecho a votar a las mujeres, ni derecho de huelga, represión sindical, no reconocimiento de las pensiones, no políticas públicas de vivienda y de acceso a la sanidad, etc.. Hasta 1945 los derechos actuales no fueron reconocidos.

8 Rosa Luxenburg fue consciente de que se trataba de un acto destinado al fracaso pero, como Kart Liebknecht, lo apoyó. Ambos fueron asesinados por los represores a cuyo frente estaba el socialista Noske.

9 Ver Sebastián Haffner, La revolución alemana 1918-1919, Ed. Inédita, 2005.

10 El politólogo francés Georges Lavau definió a los partidos comunistas occidentales como “partidos tribunicios”.

11 Los pp.cc. defendieron algo tan indefendible como la ocupación de Hungria en 1956 por parte de la URSS que reprimió al gobierno comunista democratizador de Imre Nagy para restablecer el gobierno autoritario y de partido único. Fue la ocupación de Checoeslovaquia (1968) que dió lugar a la crítica y distanciación de pp.cc. europeos.

12 Sartre en su época filocomunista, a inicios de los años 50, utilizó esta expresión cuasi religiosa, “el suspiro del oprimido” de Marx, para dar esperanza a la clase obrera. Billancourt era la sede de la Renault, empresa faro y fortaleza obrera de los comunistas franceses.

13 Son los casos de la Resistencia en Francia e Italia frente a los nazis y fascistas, y las luchas contra las dictaduras de España, Portugal y Grecia. Se puede considerar poco patriótico la actitud pasiva del PC francés en el período de tregua entre la URSS y Alemania (1939-41). Luego fue la fuerza resistente principal, junto con los gaullistas.

14 La tesis 51 de la Internacional Comunista (1921) decía que “los obreros tienen dos patrias, la suya y la de la República de los soviets rusos”. Hay que tener en cuenta que aceptar estas tesis suponía tener el label de partido comunista de la I.C. Este pseudopatriotismo arraigó en una parte importante de la militancia comunista.

15 El historiador clásico de la Revolución francesa, republicano y nacionalista, Albert Mathiez, se entusiasmó con la Revolución rusa a inicios de los años 20, que comparó con la “dictadura jacobina”.

16 La revolución de febrero iniciada en Petrogrado permite a los partidos parlamentarios subirse a la ola de los soviets, sin líderes potentes, los bolcheviques, cuyos dirigentes estaban en presidio o en el exilio. Ver por ejemplo La ciudad conquistada de Victor Serge o sus Memorias de un revolucionario. Y un obra reciente y rigurosa “Los bolcheviques toman el poder. La revolución de 1917 en Petrogrado”, de Alexander Rabinowitch, profesor emérito de la Universidad de Indiana (EE.UU.) Esta obra analiza el proceso de la revolución de febrero a la de octubre y demuestra que no fue un mero “golpe de Estado” como el citado Pipes (publicitado por El País). Obra consultada en la versión francesa (La Fabrique, Paris, 2016)

17 Martov escribe un conjunto de notas y artículos entre 1918 y 1919 que reelabora como libro: El bolchevismo mundial. Se publica en Berlin en 1923 y consultado en la edición de Einaudi (1980).

18 Un caso extremo entonces pero que pronto se generalizó fue la huelga de los marinos de la base naval de Kronstadt. En la vecina ciudad de Petrogrado se habían manifestado e iniciado huelgas. Poco después s movilizaron los marions con reivindicaciones sociales y políticas similares, de caràcter revolucionario-democrático. La represión, dirigida por Trotsky fue de extrema dureza, fusilamientos incluidos.

19 La amistad de Lenin y Martos se mantuvo hasta el final. Cuando la oposición se quería silenciar le facilitó discretamente un paso conducto para que se exiliara a Alemania.

20 Bujarin perdió la batalla económica con Preobrazhenski, el cual elaboró la opcion “teleológica” frente al gradualismo de Bujarin. Y también perdió la batalla con Stalin, nunca pudo o no fue capaz de confrontarse con el final, procuró adaptarse a sus virajes y cuando fue juzgado y condenado a muerte hizo el último acto de servicio, se autoinculpó, con una soterrada ironía posiblemente, por ser un “criminal” objetivo a pesar de no haber declarado otra cosa que todo el mundo que sabía: aplicar el terror y mantener el miedo para todos.

21 Utilizamos el título de la obra citada de Karl Schologel pues sintetiza muy bien lo que fue el stalinismo. Sobre como funcionó el terror ambiental a partir de finales de los años 20 hay que destacar dos obras no suficientemente reconocidas: L’affaire Toulaev (1940) y Les années sans pardon (1946). Serge vivió en la URSS desde de 1917 hasta 1936 (encarcelado y luego deportado a partir de 1928).

22 Entre otros la elite bolchevique: Bujarin, Zinoviev, Kamenev, Radek, Piatakov, Rykov, Tomski, Krestinski, etc y los más altos y prestigiosos jefes militares. Poco después fueron fusilados gran parte de los más destacados bolcheviques enviados a la guerra de España: Kolstov, Antonov-Ovseensko, Rosenberg, Goriev, Stachevski, etc

La biblografía sobre los Procesos de Moscou es numerosa. La obra de Schologel dedica una parte importante a los procesos. Pierre Broué, próximo al trotskismo, publicó una parte importante de los interrogatorios: Los procesos de Moscou (colección Archives, Editions Julliard, Paris,1964) de gran interés. El protagonista de esta farsa trágica fue el Fiscal General, Vychinski, una paradoja pues provenía del partido menchevique. Vychinski publicó un texto de Derecho Penal, “Teoría de la prueba en el Estado socialista” que consideraba que este Estado representa a priori el interés general por lo cual si procesaba a los supuestos inculpados eran ellos los que debían demostrar que eran inocentes. Es especialmente interesante el juicio a Bujarin. Veáse además de la obra de Broué que recoge la confrontación dialéctica de Vychinski y Bujarin es muy interesante y emotiva la biografia de Anna Larina, la esposa de Bujarin, Lo que no se puede olvidar, (Galaxia Gutenberg, 2006) y la biografia clásica de Stephen F.Cohen, Bukharin and the Bolshevik Revolution (1973).

23 Frase de Paul Vaillant-Coturier, uno de los fundadores del PC francés y director del periódico L’Humanité.

24 Réplica de un personaje de “Cançó d’amor a Manhattan” de William Irish, Edicions 62, 1988.

25 Nos referiremos principalmente a los países con PC fuertes, Francia e Italia por una parte y España por otra. Con algunas referencias a Alemania e Inglaterra.

26 El uso del concepto de “dictadura del proletariado” en Marx era la otra cara de la moneda de la “dictadura del capital”. Engels lo interpretó como “la gran mayoría social” en un marco democrático y más tarde con mayor elegancia y sutilidad Gramsci propuso el concepo de “hegemonía”. El uso del término “dictadura”, actualmente considerado como forma política autoritaria y contraria a la democracia, ha generado confusión y fue muy útil al stalinismo a legitimar su régimen político.

27 La revolución en Alemania (1918/19-1923) no fue un asalto al poder sino el reconocimiento de los consejos como interlocutores del Parlamento. En Grecia los comunistas al terminar la guerra eran la fuerza política hegemónica en el país. La intervención aliada, en la pràctica británcia ocuparon militarmente el país y declararon a los comunistas fuera de la ley. Lo mismo, sobre la base del acuerdo de Potsdam, la URSS estableció gobiernos amigos en los Estados de Europa central y creó el bloque soviético y cuando algunos gobiernos se rebelaron los depusieron. Fueran socialdemocratas en Checoeslovaquia, católicos antifascistas en Polonia o comunistas nacionales como el primer Gomulka en Polonia y más tarde Nagy en Hungria, y Dubcek en Checoeslovaquia. Los PC de España y Portugal, a pesar de haber sido la fuerza política fundamental de la resistencia optaron por elecciones abiertas a pesar de la movilización social en España y el apoyo militar en Portugal.

28 Los PC grandes, Francia e Italia, cuando ocuparon posiciones de gobierno en ámbitos locales y regionales, y en algunos casos en gobiernos nacionales, fueron gobernantes responsables y promovieron reformas politico-sociales positivas. Sus dirigentes antes (en Francia) y después de la segunda guerra mundial vivieron melancólicamente su acceso al poder político del Estado, especialmente Togliatti. Cuando Nenni, el líder socialista y amigo personal de Togliatti, optó por pactar con la Democracia Cristiana e integrarse en el gobierno tuvo que romper la alianza con el PCI. Togliatti intentó convencerle que se mantuviera en la oposición con los comunistas, pero Nenni argumentó que quería dejar algo, algunas reformas, antes de retirarse. Confidencialmente Togliatti comentó “te envidio, tu harás política y yo continuaré haciendo propaganda”.

29 El octavo Congreso del PCI se celebró en 1956, el mismo año del Informe de Kruschev y la invasión de Hungría. Como se pueden ver como las contradicciones salen a la superficie. La propuesta de Togliatti era clara: en Europa occidental se avanzará al socialismo en el marco democrático. Su informe al Congreso lo reelaboró el año después y se convirtió en libro, El Partido Comunista italiano (1958). En Francia lo publicó la Editorial Maspéro, de orientación izquierdista. El PC francés no se dio por enterado.

30 Un ejemplo de reticencia a asumir realmente la democracia política la encontramos en el PCE, adalid del “eurocomunismo”. Por primera vez se propuso que se explicitara que en el proceso hacia el socialismo habría pluralidad de partidos y alternancias por vía electoral. Fue en 1981 en una sesión de Comité Central. Una parte importante de dirigentes, incluído Santiago Carrillo (seguramente por no “provocar” a los dirigentes dogmáticos y más cercanos a los soviéticos) votaron en contra al pluralismo y la alternancia. Pero una mayoría votó a favor. Sin percibir que era una decisión muy novedosa, sin darle importancia. Unos, eurocomunistas, porque les parecía lógico, otros muy poco eurocomunistas para votar contra Carrillo.

31 El origen de esta declaración fue una larga entrevista de Berlinguer con Eugenio Scalfari, director del diario La Republica. Posteriormente se publicó en libro, Aliberti Editore (2012)

32 Algo parecido ya propuso Harold Laski, teórico liberal y socialista. Vinculado al Labour y más aún a los sindicatos (trade unions), recuperando así la historia del “cartismo”. Fue miembro del grupo de Bloomsbury en compañía de los esposos Webb, E.M.Foster, B.Russell, L.Witgenstein, J.M.Keynes… y amigo de Chaplin, Roosevelt, Einstein… Muy crítico con el “comunismo soviético”. Defendía un Estado limitado en cúanto a propiedad pública. Proponía distintas formas de propiedad y gestión social por parte de las empresas básicas y de los servicios de interés general. Por ejemplo mediante los sindicatos o otras organizaciones sociales o cooperativas. Ver los tres artículos que publicó en Harper’s Monthly Magazine entre 1929-1930. Versión castellana con una excelente introducción a cargo de Antonio José Antón Fernández con el título Los peligros de la obediencia, Sequitur 2011.

33 Enzo Traverso, en su obra reciente Mélancolie de gauche, Éditions La Découverte, 2016, desarrolla una argumentación en favor de los derrotados, son semillas para las victorias futuras.

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